28/12/2011

Lycans... otra vez!!!!

Dedicado a un Gran Amigo: LUIS JULIÁN...
No sé dedicarte algo mejor, esto es parte de mi vida, igual que tú. Gracias por todo!!! 
TE QUIERO!!! =D

Bueno chicas, les explico un poco la dinámica de esta historia. Va a estar dividido en tres partes, la primera, que estamos ya por acabar, es narrada por ambos. Kyra y Alex, la segunda sólo por Kyra y la Tercera sólo por Alex, quizá haya uno que otro capítulo extraño por ahí porque aún no he escrito todo entonces pues mi extraña mente cambia de todo de pronto, pero al menos ese es el plan.
Las dejo leyendo y muchas, muchas gracias por sus visitas... Esto es: Lycans!!!
Despierto lentamente, la cabeza me duele un poco y mi vista está un poco nublada. Ya empiezo a tener sed otra vez, mi garganta se siente seca y quema de una manera asquerosa.
Intento llevarme una mano a la cabeza y es cuando me doy cuenta que estoy encadenada.
- ¿Qué…? – pregunto confundida al intentar quitarme los grilletes.
- Henry cree que es por nuestro bien – escucho nuevamente su voz.
Y lo veo, sentado en el otro lado de lo que parece una celda. La luz de la luna ilumina la parte baja de su cuerpo. Me quedo callada. Se levanta y se acerca apenas para que pueda apreciar su rostro. Es moreno y bastante guapo, aunque un tanto delgado y pequeño.
- ¿Eres uno de ellos? – le pregunto - ¿Un Lycan?
- ¿Por qué quieres saber? – me interroga.
- Necesito un favor.
- ¿Cuál?
- Primero necesito saber si eres un Lycan.
Duda, pero responde.
- Lo soy, ¿Qué quieres?
- Que me maten – pido sin titubeos.
- ¿¡Qué!? – su cara es tan graciosa que quiero reírme, pero me resisto para no restarle importancia a mi petición.
No hablamos por un tiempo.
- Hablas en serio – se sienta junto a mí y me tenso.
- No deberías estar aquí – recuerdo – Puedo hacerte daño.
- ¿Tienes sed?
- Cuando eres un recién convertido todo el tiempo tienes sed.
- ¿Así que eres recién convertida?
- Sí – confieso.
- ¿Por qué quieres morir entonces?
- No fue mi decisión.
- ¿No se supone que ustedes tienen que aceptar ser… vampiros?
- Se supone – acepto – pero nunca mencionan que aceptas… digamos, que una especie de hechizo.
- ¿Hechizo?
- ¿Vas a ayudarme? – le pregunto.
- Henry es quien decide, si por mi fuera… No – acepta sin titubeos.
- Soy un vampiro, un monstruo, su rival natural, ¿Y no quieres matarme?
- Vampiro, sí. Monstruo, no. Rival… no mío.
- ¿Monstruo, no? Sólo mírame, bebí tu sangre.
- Estabas sedienta.
- ¡Exacto! Y eso es algo que no puedo controlar, nunca podré, soy un monstruo. Podría atacar a cualquier ser inocente en cualquier momento.
- No te veo como un monstruo, y la prueba de ello es que no quieres serlo.
- De todos modos soy un vampiro, un depredador peligroso.
- Pero no fue porque quisiste, sino porque estabas… ¿Hechizada? ¿Cómo puedes estar hechizada?
Lo miro. Realmente quiere saber y aunque yo no deseo platicarlo quizá lo que diga pueda ayudarlos a vencer a mí ahora especie.
- Los vampiros son seductores por naturaleza, desde sus ojos, su voz, su aroma, hasta su forma de moverse, de comportarse, de ser irreales.
Yo era una niña tonta, como todas, buscaba cosas banales, tontas, sin sentido, y entonces lo conocí. Era el hombre más guapo sobre la tierra, culto, inteligente, perfecto, de mundo, y yo sólo una chica que jamás había salido de su estado. Claro que caí, no necesitó hacer gran cosa, pronto estaba a sus pies, hacía lo que quisiera, lo que deseara y cuando lo deseaba, una esclava por consentimiento a la que recompensaba con el bajo precio de su buen trato y sonrisas primero, y de sus caricias y besos después. Me enamoré, o eso creí, hoy sinceramente lo dudo. Era sólo el espejismo, la mala jugada de mis sentidos que deseaban estar todo el tiempo con él. ¿Y cómo no? Era un vampiro. Cundo me lo dijo yo ya había dejado todo por él. Mi escuela, mis amigos, mi casa y… mi familia. No tenía sentido para mí quedarme con ellos, Él me hizo creer que me odiaban, que estaban en mi contra y que nunca aceptarían lo nuestro – Río con melancolía y furia – Claro que no lo hubieran aceptado, él era casi 13 años mayor que yo, bueno, en apariencia al menos, en la realidad me llevaba más de 120 años.
- ¿Por qué no escapaste cuando lo supiste?
- Ya te lo dije, estaba endiosada, cegada. Me gustó todo lo que me dijo, la inmortalidad, la perfección. Era el mejor mundo de los mundos. Me habló de ustedes, de la guerra, de sus debilidades, de sus fortalezas, me explicó cada punto, cada regla, y las acepté, me las aprendí de memoria. Entonces comenzó mi transformación, porque no se hace de un día para otro. Necesitas tiempo y el consentimiento de la persona. Lo primero que hace el vampiro es aprobar a la presa, deducir si tiene “potencial” para ser un vampiro, después hay que empezar a darle tu sangre, un poco cada día durante tres meses, poco a poco la dosis aumenta y finalmente te haces adicta a ella, hasta que te conviertes. Bebí como idiota, como si la vida se me fuera en ello, y se me fue. Al cabo de un tiempo ya no me sentía igual. Mi fuerza creció, mi velocidad avanzó, todo. Entonces el hechizo empezó a dejar de hacer efecto, ya no lo veía como algo perfecto, seguía enamorada pero le encontraba defectos, y como si estuviera despertando de un largo sueño me di cuenta de las muchas víctimas que llevaba a casa para alimentarse. Me daba asco, lo veía mal, le pedí que dejara de hacerlo pero nunca me hizo caso. Al cabo de seis meses yo ya bebía sangre de él casi todo el tiempo, eso lo debilitaba, pero no se quejaba. Un vampiro – le dije – no puede transformar a más de una persona a la vez, no resistirían darle de beber a más de uno durante tanto tiempo, esto tienen que recordarlo. El mejor momento para matar a un vampiro es en el último mes de la transformación de su víctima, están débiles y suelen esconderse en lugares en los que se sientan seguros, lugares a veces demasiado alejados como montañas, cuevas, selvas, lugares aparentemente impenetrables, a veces demasiado a la vista, en ciudades con mucha gente, estos suelen tener más fuerza, porque no dejan de alimentarse, sus presas están a la mano.
- ¿Qué pasó al cabo de ese tiempo? ¿Cómo te conviertes? ¿Mueres?
- Es más que morir. De pronto ya no comes nada humano, todo lo que haces es beber de tu creador, y eso transforma tu organismo. Yo tardé siete meses para transformarme, fue hace apenas tres días.
- ¿Tres días? ¿Tan poco?
- Sí – asiento – Fue en Luna Llena. Mi creador me daba asco, sentía un odio extraño por él. En mis últimos dos meses trataba de defenderlo de mí misma aunque sabía que era tonto hacerlo, lo justificaba, pero simplemente era indefendible, empecé a aborrecerlo, pero lo soportaba porque necesitaba de su sangre. Mi organismo soportó el máximo del cambio y mi último atardecer llegó. La transformación fue horrible, sientes como que te quemas por dentro. La sed se vuelve feroz y ya no es la sangre de tu creador la que deseas, sino la de todos los demás.
- ¿Qué pasó con tu creador?
- Lo maté – confesé.
- ¿Por qué?
- Porque en las últimas horas de mi vida comprendí todo, que nunca me quiso, que sólo se trataba de poder, todo eso me hizo odiarlo aún más, y una vez convertida me le fui encima. Se supone que eso no es posible, pero yo lo hice. Lo maté.
- ¿Y después?
- Él sabía dónde estaba este campamento Lycan, quería atacarlo en cuanto yo pudiera acompañarlo, pero lo maté y decidí venir para que hicieran lo mismo conmigo.
- ¿Tan malo es?
- ¿Ser vampiro? – asiente – Por un lado te sientes, irónicamente, más vivo que nunca, pero por otro, el sólo hecho de pensar en lo que puedo hacer, es insoportable.
- No necesitas matar a nadie.
- Es mi alimento. La bestia dentro de mi busca a la presa y no hay quien pueda pararla. Ya lo viste, si no hubiera sido por tus compañeros ahora estarías muerto.
- Sólo necesitas acostumbrarte, dominarla…
- Lo que necesito es que me maten, así que hazlo.
- Yo no puedo – acepta – ni aunque quisiera podría.
- ¿Por qué?
- Aún no soy un Lycan completo.
- Entiendo – acepto – Pero alguien de tus compañeros…
- El único capaz de matarte sería Henry, nuestro mentor, pero la verdad…
- ¿La verdad qué?
- ¿Por qué no intentamos otra cosa, poder dejar que vivas?
- No quiero vivir. No con este miedo a la sed que incluso ahora mismo me trastorna. La garganta me está quemando como no tienes una idea, mi olfato sólo puede ubicar tu sangre y entre más escucho tu pulso marcado más insoportable es resistirme. Tú al menos eres un Lycan, quizá no podría matarte, pero los humanos son otra cosa, son seres frágiles, débiles de mente. Así como yo era. Lo de menos sería matarlos, no quiero convertirlos.
- Tampoco tienes por qué hacerlo.
- Tú no comprendes, es parte de mí el seducir, el engañar. Soy un monstruo. ¡Mátame!
- No
- ¡Mátame!
- No. Puedes probar nuevas opciones.
- ¿Cuáles nuevas opciones?
- No lo sé, déjame pensar en una.
- Empiezo a sentirme mal, vete de aquí, tu sangre me llama.
- No te dejaré.
- ¿Qué pretendes lobito? Puedo matarte en un segundo, estas cadenas no durarán para siempre y con un poco más de hambre las arrancaré de tan sólo un jalón.
- Contrólate.
- No puedo ¿No entiendes? ¡No puedo!
Un dolor en la columna me hace arquearme hasta casi por la mitad y suelto un grito a todo pulmón. Ya no me importa. Los colmillos vuelven a picarme las encías y la lengua está seca. Necesito beber.
- ¡Lárgate!¡Lárgate!
- Escúchame, vuelve, no te dejes dominar.
- ¡Vete!
- Estoy aquí, no voy a dejarte.
- Puedo matarte.
- No lo harás, ahora somos amigos. Ni siquiera los monstruos matan a sus amigos.
“Amigos” Que bonita palabra.


Un abrazamísimo enorme y nos vemos mañana ;) !!

1 Luceros Destellantes:

  1. ahhhhhh es una amor ese tal Alex <3_<3
    publica pronto y me sorprendio esa nueva forma de tranformar a los vampiros, no c si la inventaste o la leiste en otra parte pero me encanto es genial¡¡¡
    publica pronto

    ResponderSuprimir

¡¡¡Deja tu huella en mi corazón!!!