29/12/2011

Más de Lycans en este Doble Maratón Especial!!!

Nos vemos mañana pero cambiando un poco los papeles, publicamos primero Lycans y si puedo escribir Tú Ángel lo publicaré en la noche, les parece??
Esto es: Lycans!!!
Creo que mis palabras la sorprendieron porque de pronto pareció que su humanidad aplacaba al “Monstruo”, aunque eso sólo duró un minuto, en seguida volvieron a asomarse sus colmillos y a ponerse oscuros sus ojos, esos ojos grises que tanto me habían gustado.
- Vete de aquí, sal, no quiero hacerte daño… por favor.
Me pide y aunque no quiero, sé que lo está haciendo por mi bien.
- Estaré aquí afuera – le digo y salgo.
La escucho quejarse mientras la sed la domina. Es espantoso escucharla, quiero ayudarla, pero tal como dijo rompió las cadenas y pronto la tenía queriendo destrozar la puerta para salir por alimento. La puerta resiste, es acero sólido. Ni siquiera un lycan transformado podría romper las celdas de castigo y por lo que sé, uno de nosotros es mucho más fuerte que un vampiro. Espero que sea verdad.
- Tranquila – le pido mirándola a los ojos. Me gruñe.
Sus colmillos son filosos, lo sé, ya los he sentido.
- Tranquila, no eres un monstruo, puedes dominarlo.
Algo en ella parece calmarse, pero sigue siendo un vampiro hambriento que intenta alimentarse y no deja de empujar la puerta.
El ruido que hace intriga a mis compañeros y pronto están todos rodeándome.
- Matémosla de una vez – sugiere Carlo asustado.
Lo miro maldiciéndolo con la mirada.
- Es peligrosa Alex, entiende – me pide Patrick.
- ¡Cobardes! – les grito impotente.
- Prefiero ser cobarde a un cadáver – me dice Rick a punto de orinarse en sus pantalones.
- Ella está a mi cargo y no la mataré, no le pondrán un solo dedo encima ¿Entendieron?
Me gruñen y me pongo en guardia. Si hemos de llevarlo al extremo no seré yo quien de un paso atrás.
- Cálmense todos – habla Henry – Y ustedes, váyanse a la cama – les ordena.
- Henry por favor, esto es una tontería – suplica Joel.
- No podemos tenerla aquí, ¿Cómo vamos a dormir con eso en la misma zona?
- De todos modos tendrán que acostumbrarse a convivir con estos seres, así que dejen de quejarse y váyanse a dormir.
Los chicos me miran con furia, todos menos Patrick, que no sabe qué hacer, por un lado tiene miedo, por otro quisiera apoyarme, lo sé. Es lo más cercano a un amigo que tengo aquí.
Pero se van, como perros falderos se van agachando la cabeza. Me quedo enojado, Henry lo sabe cuando me habla otra vez.
- Tenemos que hacer algo con ella.
- ¿Tú también quieres matarla?
- Estaba pensando en inmovilizarla. Si sigue así va a terminar rompiendo la puerta.
- Eso es imposible – niego.
- Encontrará la manera de salir, eso sí es seguro.
Estoy de acuerdo.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Alimentarla.
- ¿Cómo?
- No sé, pero piensa rápido o no podré dormir con todo su escándalo.
Cuando se va yo ya estoy pensando en posibilidades, pero no se me ocurre ninguna buena aparte de darle mi sangre.
- Oye – le digo – cálmate, iré a ver qué puedo traerte.
No parece entender del todo, pero al menos deja de azotar la puerta.
Salgo corriendo hacia el bosque. Quizá si logro cambiar su dieta desde antes de que sea adicta a la sangre ella ya no se sienta un monstruo y no quiera morir, me regocijo en esa idea mientras busco frutas, todas las que puedo cargar, las más deliciosas que encuentro.
Se las llevo con esperanza.
- Mira, traje frutas, quizá te gusten ¿Las has probado desde que eres vampiro?
Está en un rincón, abrazando sus piernas pero aún así con los colmillos asomándoseles.
Niega apenas y se las ofrezco nuevamente. No viene. Intento abrir la puerta cuando grita:
- ¡No! Quédate ahí fuera.
- Ven a comer.
- Son frutas – me dice con asco.
- Tienes que alimentarte con algo.
Se niega al principio, pero al fin se acerca y toma una manzana. Duda, me mira, y muerde. Sus colmillos hacen trizas la fruta en dos segundos.
- Quizá algo más grande – le pido. Parece desesperada y muerta de hambre. Sus ojos demuestran frustración e incluso tristeza.
Asiente y toma una sandía. No necesita cortarla. La muerde tal como está. Al menos la sandía no se hace trizas, pero la marca que en ella dejan los colmillos es francamente estresante.
- No sabe a nada – me dice enojada y arrojando la sandía hasta el otro lado de la celda haciéndola puré.
- Traeré otra cosa, otra fruta – le prometo.
- ¿Por qué haces esto? – pregunta agarrando los barrotes – Mejor mátame – me pide con lágrimas en los ojos – Mátame por favor. No puedo comer esto, no puedo comer nada. Quiero sangre, sangre ¿Entiendes?
- Iré por algo, lo prometo, encontraré la manera.
Y me voy, porque por alguna razón me duele verla así. Necesito ayudarla y la muerte no es su solución. Algo, algo debe haber.
Busco durante varios minutos algo que pueda ayudarla, y al poner atención a la naturaleza, ella me responde.
Un conejo pasa corriendo a mi lado. ¿Henry se enojará si mato un conejo? Espero que no.
Se lo llevo deprisa, su corazón aún late, está nervioso pero eso pronto pasará.
- ¿Crees que puedas? – le pregunto y ella mira el conejo con ojos de asco.
Traga saliva. Quizá no es lo que estaba esperando pero se acerca nuevamente.
- Dámelo – me pide y se lo paso por entre los barrotes. El conejo mueve las patitas asustado – Quizá no quieras ver esto.
Asiento y volteo.
Escucho el corazón del conejo acelerarse al máximo y los colmillos de ella desgarrando la carne del pobre animal.
La miro succionar la sangre, sus ojos cambian de color mientras se alimentan, regresan a ser esos ojos grises que tanto me gustan, pero aún más seductores, porque tienen un brillo especial, como la Luna misma.
Y aparta la boca de la presa con los labios ensangrentados. Respira hondo con la cabeza hacia atrás. Parece que hemos encontrado la manera de alimentarla sin que se sienta un monstruo.
- ¿Mejor? – le pregunto sonriente.
- No debiste ver esto. Es espantoso ¿No?
- No, no tanto – acepto y me sonríe.
Su sonrisa es como el atardecer más bello que hayas presenciado: Magnifica.
Y cuando estoy por celebrarlo entrando a su celda ella se enarca hacia delante con la mano en la garganta. Me preocupo.
- ¿Qué te pasa? Oye – no responde – Háblame.
Nada. Y finalmente, devuelve todo.
- ¿Qué pasó? – le pregunto cuando la veo más tranquila.
- Mi estómago no lo aguanta, no es lo que necesita.
- Iré por otra cosa, tal vez un animal más grande.
- No, déjalo ya – me pide.
- Tienes que alimentarte.
- No debo – me dice – no lo merezco. Esto debe ser mi castigo, por ser lo que soy, por las cosas malas que hice.
- No es un castigo, vas a salir adelante.
- ¿Por qué un Lycan querría ayudar a un vampiro?
- Porque yo no soy como los demás Lycans.
- Tus amigos quieren matarme, deberías dejarlos.
- Ellos no son mis amigos, quizá Patrick nada más, pero no los demás.
- ¿Y Patrick quiere matarme?
- No, sólo te tiene miedo.
- ¿Y tú no me tienes miedo?
- No – le sonrío.
- Eres un niño ¿Cuántos años tienes?
- 16 – me dice.
- ¿No eres muy chico para ser un Lycan? Pensé que se transformaban después de los 18.
- Regularmente sí, pero a veces hay raros como yo que empezamos antes, no sé por qué.
- ¿Raros? Yo diría… Mejores.
Sonrío algo avergonzado. La veo cerrar los ojos poco a poco.
- Oye… ¿Estás bien?
Pero no responde y se cae al suelo.

Cuando empiezo a reaccionar siento en la boca un sabor peculiar. Sangre… humana.
Abro los ojos de golpe y me alejo lo más posible de mi víctima.
- Tranquila, todo está bien.
- ¿Qué haces? – le pregunto asustada viendo lo pálido que está.
- No iba a dejarte morir.
- ¿Y me das tu sangre?
- Eso es lo único que se me ocurría.
- ¡Tonto! Es una locura. Vete de aquí.
- No, voy a ayudarte,
- No quiero tu ayuda.
- Pensé que eso era por lo que venías.
- Venía a que me mataran, no a que me ayudaran a vivir de una mejor manera.
- Pues lo siento, pero eso es lo que haré.
- No seas necio niño, déjame marchar al menos si no me vas a matar.
- Ni una ni otra, hasta que pueda ayudarte o Henry decida lo contrario.
- ¿Henry? ¿Su mentor? – asiente.
- Déjame hablar con él, quizá él entienda.
- No lo hará. Es un Lycan con todos los prejuicios incluidos.
- No sé si eres tonto o sólo demasiado bueno.
- Prefiero pensar que bueno.
Sonríe sólo unos segundos.
- No debiste hacer eso – me dice. Pude haberte atacado.
- Lo hice de todo corazón.
- Eso es aún peor.
- No, porque somos amigos, eso hacen los amigos.
- ¿Amigos? ¿De verdad podrías ser amigo de un monstruo como yo?
- Si tú eres un verdadero monstruo entonces yo también.
- ¿Y tú por qué? No matas inocentes, no necesitas sangre para sobrevivir, combates contra seres como yo. Eres más un héroe.
- Me convierto en una bestia peluda y enorme que tiene que practicar mucho para poderse controlar.
- Eso no es verdad.
- Oh, claro que lo es. Las primeras transformaciones son un tormento, no sabes de ti ni de lo que haces. Por eso existen estas celdas – me muestra – para que no hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos.
- ¿Cómo sucede?
Se encoge de hombros.
- Empiezan con pequeños indicios. Sientes que la Luna Llena te llama, te canta, te atrapa. Y aúllas. Al principio esos aullidos son horribles, déjame decirte, pero con el tiempo empiezas a hacerlos mejor. Cuando mis papás se dieron cuenta que algo extraño pasaba conmigo me mandaron aquí. La transformación y el entrenamiento empieza entonces. Pueden salirte primero las orejas, como a Patrick, o la cola, como a Nell. Poco a poco te vas transformando y al final puedes convertirte, pero la primera vez pierdes la conciencia por completo, o al menos eso me han dicho. Te vuelves más bestia que humano y el Lycan te controla porque nunca ha salido antes, se siente libre y pleno. Es difícil encontrar el equilibrio.
- ¿Cuánto tiempo tardarás en convertirte?
- Depende de la persona. Muchos tardan años, algunos sólo meses.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Dos meses.
- ¿Y cuál es tu avance?
- Ni siquiera he intentado hacer algo.
- ¿Por qué?
- Todos me tratan como a un bebé, y lo peor es que ni siquiera son mucho más grandes que yo. Se sienten superiores, Dioses. Y eso me enoja mucho.
- Pero si ustedes están aquí, juntos, como equipo ¿No deberían llevarse mejor?
- Lo haríamos. Es decir. Todos ellos se llevan muy bien, pero yo soy el pequeño, el que llegó después, el que sale de contexto, y eso los vuelve… soberbios.
- Tontos – suelto intentando apoyarlo.
- Lo mismo digo.
- ¿Qué más hacen aquí?
- Henry nos enseña algunas cosas de la escuela. Letras, números, historia, geografía, en fin, todo eso. Y también se vuelve nuestro entrenador personal. Nos enseña combate, ataques, defensa, todo eso.
Nos quedamos callados un momento.
- Odio no poder llamarte por tu nombre ¿Me lo dices?
- Soy Alex. ¿Y tú?
- Kyra – le sonrío lo mejor que puedo.
- Kyra… que bonito nombre.

1 Luceros Destellantes:

  1. MAGE ME DEJAS SIN PALABRAS ;) EL CAP TE KEDO ERMOSO ERMOSO LO AME <3 KOMO SIEMPRE OW ALEX ME ENKANTA ES TAN TIERNO JIJI ASE DE TODO X AYUDAR A KYRA ESE PAR ME ENKANTA <3 PASARA ALGO ENTRE LOS DOS? LOS XIKOS DEJARAN YA DE DECIR KE LA MATARAN? PERO SI KYRA LO MORDIO NO DEBERIA KONVERTIRSE? OW ME DEJAS INTRIGADA NOS VEMOS EN EL OTRO CAP BESOS CDT
    KAREN-PERU

    ResponderSuprimir

¡¡¡Deja tu huella en mi corazón!!!