31/12/2011

Feliz Año Nuevo!!! Nos vemos hasta el que viene... ;)

Empiezo a pensar que mi reloj interno es el que tiene un serio problema, quedé de publicar en la mañanita mañanera y miren qué horas es.
En fin chicas, sólo paso a despedir el año con un capítulo más. ¿Qué creen? Sí llegué a las 124 entradas del año!!! Cumplí la meta y todo gracias a ustedes que no me dejan sola y leen esto que con tanto esmero y cariño escribo.
Gracias por todo, de verdad gracias y espero poder seguir por aquí muchos años más, plamando mis ideas que cada día son más, gracias a Dios, y espero que así siga pues es de esto de lo que vivo y por lo que vivo. Escribir es más que mi pasión, es parte de mi vida sino es que mi vida entera. Quienes escriben deben entenderme y quienes leen en gran parte también, porque así como ustedes yo también soy una lectora y amo leer para poder escaparme un rato de una realidad que no es que no me guste, sino que a veces es un poco deprimente. Ahí dentro, en un mundo literario, podemos despejarnos de nuestros problemas, vivir lo que los personajes y aunque haya cosas tristes, bueno, en el fondo sabes que es sólo una novela, una historia, un cuento, un drama...
Chicas, la vida es para disfrutarla, no siempre es buena, pero qué le vamos a hacer, sino sonreír y seguir adelante, luchando contra todo para poder ser feliz, para encontrar eso que necesitamos.
Las cosas hay que explotarlas, reír cuando se nos presente la oportunidad, reír hasta que nos duela el estómago, y también llorar, porque las lágrimas no son malas, son como purificar el alma, lloren cuando tengan ganas, el llanto también se explota y se siente bien cuando lo hacen. No se queden con ganas de nada ni se arrepientan de nada. Al fin y al cabo, Todo es Parte del Show!!!
No soy quien para dar consejos, he cometido muchos errores, pero creo que son esos errores los que nos marcan como las personas que somos y a fin de cuentas, quienes somos es lo que importa de verdad. Dejen que el mundo hable si ustedes se sienten a gusto!!!
Amen niñas!!! Enamórense!!! Ahí, en alguna parte, hay un chico hecho para cada una de ustedes, uno mucho mejor que los personajes que nos inventamos, y está esperándolas!!! Siempre sonrían, porque lo dificil no es existir, sino vivir y ser feliz chicas...
Lo siento, creo que me he puesto un poco melancólica, pero es que ya es fin de año... =')
Y sin más, Esto es... Tú Ángel!!!
- Odio a esa profesora, se cree la gran cosa y no sabe nada la maldita – me río de las palabras de Ann, siempre tan exageradamente sincera – Ay, es la verdad – singue tras escucharme reír.
- Pues sí Ann, pero no debes ser así, la profesora se esfuerza – la regaña Jane.
Un silencio de dos segundos se interpone entre nosotras y finalmente soltamos a reír.
No, no es cierto. Si realmente estábamos hablando de la misma profesora es mentira, porque no es esfuerza, llega, se sienta, nos pone a contestar ejercicios de francés y los contestes mal o bien te pone 10. Lo malo es cuando llega de mañas porque de pronto todo mundo tiene 5 y se va a ir a extraordinarios, o sea, que tendremos que pagar dobles exámenes, y eso claro, no es algo que Jane o Ann puedan hacer.
- Ya, tranquila, se le pasará y verás que no te manda a extra.
- Pues más le vale porque si no tendrás que darme clases particulares, y te lo advierto Meg, serás gratis.
Sonrío y asiento de buena gana.
- ¿Cómo es posible que sepas tantos idiomas y los pronuncies tan bien? Te odio – me dice jugando.
- Pues porque su papá le enseñó, Ann, ya lo había dicho – responde Jane por mí siempre de una manera amable.
Me encojo de hombros sonriente. Esa es la versión popular, la oficial es que un ángel tiene ese don para poderse comunicar con todos.
- Hola Meg – llega Briggit con una sonrisa de oreja a oreja. Enarco una ceja ¿Qué querrá?
- ¿Qué se te perdió? – la reta Ann inmediatamente.
- Nada – les responde déspota – Sólo venía a saludar.
- Sí, claro – bufa bajito Jane.
Las dos guardaespaldas de Briggit la esperan detrás con sus brazos cruzados y una pose de divas.
- Y dime Meg – me dice viéndome a los ojos - ¿Dónde está tu doble de Damen ahora?
¡Ahí está! Sólo quería molestar ¿Qué más?
Le sonrió sin responder. Damen ya lleva cuatro meses grabando.
- ¿Ya hasta él se cansó de ti?
- ¿Qué te parece si te largas antes de hacerme enojar Brillitos? – Se levanta Ann y la encara.
- Ann, Ann – me levanto y la detengo.
- Verdulera tenías que ser – responde Briggit a Ann. Ann entrecierra los ojos amenazadora.
- Ann – la paro de nuevo. Jane ya se ha levantado también, me vuelvo a Briggit – vete Briggit, te conviene.
- A mí ustedes tres no me asustan.
- Oye, Ann te va a romper la cara, apenas y puedo controlarla, vete mejor ¿Si?
- No – niega con una estúpida sonrisa. Ruedo los ojos.
- Bueno ¿Qué quieres, eh? – la reto.
- Sólo quería preguntarte por Damen, como no lo han vuelto a ver por aquí en meses.
- Está grabando su nueva película ¿Qué no lo sabes?
- Sí, claro, lo vi en las entrevistas con su novia, la protagonista, pero yo hablo de tu Damen, el doble
- Mira Briggit, déjala en paz ¿Si? Y ahí estaba mi amigo Jared, como caído del cielo, metafóricamente hablando, claro.
- ¿Qué? ¿No puede defenderse sola? – me reta dándome un empujoncito en el hombro.
- Hey, hey – la detiene Jared haciéndola para atrás - ¿Qué te pasa?
- Mira Briggit… - empiezo pues no voy a permitir que me empuje.
Cuando siento mi celular vibrando en la palma de mi mano. Veo la pantalla y mi corazón parece un caballo galopando cuando veo el nombre del que llama: Damen.

Un capítulo pequeño para despedir el año, el lunes sabrán qué pasó con Damen!!!
Las adoro!!!
Un abrazo a todos los lugares desde donde me leen: Argentina, Venezuela, Perú, Chile, España, Colombia, Estados Unidos, Bolivia, Ecuador, República Dominicana, Guatemala y por supuesto mi hermoso México!!!
Si me faltó alguno, díganme chicas!!!! Quiero conocerlas!!!

Y...
¡¡¡¡FELIZ AÑO 2012!!!!
De parte mía y de todos mis personajes!!!!

30/12/2011

Tarde pero seguro...

Hola chicas!!! Otra vez... jeje Me apuré a escribir pero me entretuve escuchando canciones románticas para inspirarme así que... me tardé un poco.
Pero aquí está!!! Esto es: Tú Ángel!!!
Los meses empiezan a pasar despacio, y con cada día que pasa más extraña me siento sin él, de pronto me lo imagino grabando alguna escena, quizá rescatando a la protagonista y dándole un beso al final, eso me hace encelar muchísimo. ¿Me recordará? ¿Me extrañará de verdad?
No me había hablado ni una sola vez ¿Tan ocupado estará?
Y así me sorprendo pensando el él todo el tiempo, cuando como, cuando estudio, en clase, cuando charlo con mis amigas y hasta en los exámenes.
Va para dos meses que no lo veo y mi mamá sabe que eso me duele.
Una vez me encontró sentada en un sillón, con la mirada lejana y mi libro en las manos, ausente y con ganas de llorar un poco. Yo ni siquiera la vi mirarme, fue hasta que Ian orbitó justo frente a mí que regresé a la realidad.
Mamá me sonrió como expresándome su amor y yo supe que lo sabía, todo era por Damen.
Me esforzaba como nunca en los entrenamientos con Mark porque sólo ahí podía olvidarme de Damen un poco. Mientras corría, esquivaba golpes y obstáculos, pero al final siempre lo recordaba.
Trataba de comportarme normal, como si nada pasara, sonreía y discutía con Cindy igual que antes, pero sin tanto interés, y el que tanto ella como mi prima Lilian se la pasaran hablándome o preguntándome por él tampoco ayudaba demasiado.
- ¿Por qué no le hablas? – preguntó mamá al cabo del tercer mes sin saber nada de él.
- ¿Crees que sea prudente? – pregunto dudando.
- ¿Por qué no? No le harías ningún daño a nadie,
- No sé, no quiero que piense que lo extraño o algo así.
Mamá sonríe.
- Pero extrañas.
- No tanto – digo como sin darle importancia.
- Bueno, lo que digas.
Quizá mamá tuviera razón, llamarle no me costaba nada y así sabría de él.
- A que no imaginan de quién tengo noticias – llegó Cindy emocionada.
- Ni idea, mi detector de mentes se averió – le respondo.
- Pues ni más ni menos que de Damen Somerhalder.
Sé que los ojos se me iluminaron de alegría y no pude contenerlo.
- ¿Dónde, cómo?
- Estaba en la Plaza y lo vi en la portada de una revista.
- ¿Y qué decía?
- La traje para que la leyéramos juntas – sonrío emocionada mostrándome la revista.
- A ver, ven – le hice un espacio en el sillón donde estaba sentada.
Cindy se sentó.
Sí, era Damen en la revista, lucía una playera blanca, unos vaqueros, una chamarra de cuero y sus inseparables gafas negras. En la portada se leía: El actor Damen Somerhalder nos habla de su nueva película. Chequen los detalles.
Abrimos la revista en la página que hablaban de él, una imagen de él sonriendo y saludando aparecía.
- “La película como saben saldrá el verano del año próximo y todos estamos bastante orgullosos del trabajo realizado hasta ahora, sé que les gustará a todos mi fans.”
Pocos párrafos después hablaba de algunas escenas ya grabadas y finalmente le preguntaban si tenía en este momento una chica especial en la que pensar.
- “No, por el momento estamos enfocados en la película, echándole todas las ganas para hacerla perfecta.”
Fue como un puñetazo directo al corazón, pero lo que venía a la vuelta de la página fue un gancho letal.
Imágenes de él grabando unas escenas de acción, corriendo de la mano de una chica, parados uno frente al otro en la cima de una montaña a punto de besarse y la que más dolió, una de ambos abrazados posando para las cámaras sin interpretar personaje alguno. Se les veía muy bien.
La chica era muy linda. Una actriz llamada Lucy Milano, de ojos azules, rubia, en fin, una Barbie en tamaño real y lo más importante, más grande que yo. ¿Por qué habría Damen de recordar a una niña como yo teniendo a una mujer como ella a su lado?
- Meg – me dice Cindy abrazándome – sólo está actuando nena, es su trabajo.
- Sí, yo sé – sonrío tristemente, me levanto y salgo del despacho de mamá quien sé que me mira también con tristeza.
- No se lo hubiera traído ¿Verdad? – escucho que le dice Cindy.
- No lo hiciste con mala intención, hija.
Subo a mi cuarto. No sé si quiero llorar de coraje o de tristeza, pero no hago ninguna de las dos.
- ¡Que se quede con su tonta Barbie! – digo al aire y subo al Paraíso.
Ni siquiera paso por los jardines, orbito directamente al gimnasio. No está vacío, hay varios ángeles entrenando y yo hago lo mismo, me dedico a pegarle a un costal de boxeo que aparece mágicamente con la cara sonriente de Damen.
Sacudo la cabeza y la cara desaparece. Empiezo a golpear el costal.
- Uy, tranquila, el costal no tiene la culpa – me dice sonriente uno de los ángeles que se ha acercado a mí.
- Hola abuelo – lo abrazo al verlo con la mejor de mis sonrisas forzadas.
- ¿Dónde ha andado mi niña? – me pregunta.
- En la escuela ¿Dónde más?
- ¿Qué tal vas?
- Bien – me encojo de hombros. No voy excelente pero tampoco tan mal.
- Me alegro. ¿Y desde cuándo aumentaron tus días de entrenamiento? Venías sólo fines de semana ¿No?
- Aún vengo sólo los fines de semana, hoy estoy por mi cuenta.
- Ya veo, y vienes un poco enojada por lo que noto.
Sonrío tristemente sin negar.
- ¿Quieres decirme qué pasa?
- No sé abuelo, no quiero hablar ahora.
- Entiendo, pero recuerda que siempre puedes contar con este viejo abuelo consentidor – me sonríe y asiento.
- Vincent – le habla otro de los ángeles - ¿Seguimos?
- Seguro, espera un minuto – responde y luego vuelve a dirigirse a mí – Me tengo que ir pero ya quedamos eh, para lo que quieras aquí estoy – asiento otra vez, besa mi frente a modo de despedida y antes de irse me dice – Salúdame a tu madre.
- Lo haré – aseguro.
Ya estoy más tranquila, así que me baño, me cambio y voy a dar una vuelta por los jardines. En el camino me encuentro con algunos Serafines que me hacen sonreír y olvidarme de Damen y de su odiosa protagonista. Bajo unas horas más tarde y toda la familia ya está reunida para cenar. Les sonrío y beso a mi papá e Ian, no los había visto desde ésta mañana. Ellos sonríen en respuesta y cenamos con una charla amena.

Nos vemos mañanita en la mañana!! ;D Y les advierto, Meg está enojada!!!

Final de la Primera Parte de Lycans!!!

Hola chicas!!! Un poco tarde pero aquí está el siguiente capítulo.
Bueno, respondiendo a unas de sus preguntas, sí, yo inventé el método para transformar a los vampiros, o al menos no lo había leído en ningún otra parte, quizá por ahí haya algo parecido, no lo sé. Y precisamente por eso es que Kyra no convierte a Alex cuando lo muerde, porque para convertir a un nuevo vampiro se necesita darle de beber tu sangre durante meses, hasta que esa persona ya solo beba del vampiro, me explico? Pueden verlo en el capítulo tres, me parece, está mejor explicado por Kyra, si tienen alguna duda, pregunten, para eso estoy.
En fin, esto es: Lycans!!!
Son rápidos los días que pasamos juntos. Hablamos casi todo el tiempo siempre y cuando pueda controlar mi hambre. Nos volvemos buenos amigos y él me enseña ese mundo que yo necesitaba ver. Un mundo donde las cosas no son rosas o negras, también puede haber puntos medios.
Alex me cae muy bien por ser tan positivo y alegre. Es un niño, pero un niño bastante inteligente.
También conozco al tal Henry y a algunos de sus compañeros Lycans. No me tratan bien pero el miedo que me tenían se ha convertido en asco y al menos toleran mi presencia. Por supuesto eso no sucedería si supieran que bebo la sangre de Alex. Por el momento él explica que alimentarme de animales me funciona, aunque en realidad no he vuelto a probar una sola gota de sangre de esos incipientes conejos.
Después de unas semanas salimos a caminar de noche por el bosque. Alex no me teme y eso me reconforta. No es que ya no me sienta un monstruo, porque sé que lo soy cuando tengo el sabor a su sangre en los labios, pero al ver su sonrisa, mi mundo puede cambiar fácilmente. Es un gran amigo. Claro que nadie más sabe de estas caminatas nocturnas, si lo supieran Alex la pasaría muy mal.
- Podría vivir en un lugar así – le digo mientras aspiro el aroma a pino y madera mojada.
- Quédate – me pide sorprendiéndome.
- ¿Qué?
- Quédate – repite y no entiendo del todo – Hablaré con Henry, sé que puedo convencerlo y los chicos terminarán por aceptarte si Henry se los ordena.
- No creo que sea buena idea.
- ¿Aún piensas que deberías morir?
- En el fondo, sí.
- ¿Por qué? Hemos encontrado una forma de mantenerte con vida sin que tengas que matar a nadie.
- Alex – le digo con una sonrisa triste – Te estoy matando.
- No, eso no es cierto, yo me siento bien.
- Estás cada día más pálido, más delgado. Te estoy matando poco a poco y lo que es peor, con tu consentimiento.
- Estoy bien – se rehúsa a aceptar la verdad.
- ¿Somos amigos, no?
- Sí – asiente.
- Entonces no me contradigas, te estoy matando y lo sabes.
- Estaré bien.
- No, no lo harás si sigo bebiendo tu sangre. Además creo que es hora de que le digamos a Henry qué es lo que quiero de verdad.
- Dame unos días más.
- ¿Para qué, qué caso tiene?
- Encontraré algo más con lo que alimentarte.
- Ya te diste cuenta que los animales no funcionan y la fruta y la carne son incomibles para mí.
- Hay un hospital no muy lejos de aquí. Ahí hay mucha sangre que puedo traerte.
- No Alex, no voy a hacerte robar para mí.
- ¿Prefieres seguir bebiendo mi sangre?
- Prefiero que acaben conmigo de una vez por todas.
- ¡No lo haré! No puedo, eres mi amiga.
- Como amiga te lo pido.
- No puedo Kyra, no puedo – se sienta en una roca con las manos en la cabeza – No puedo, te quiero.
Eso me llega al corazón, si es que tengo uno, porque yo también lo quiero. Me acerco a él con cautela y hago que me mire a los ojos.
- Yo también te quiero Alex. Eres mi mejor amigo.
- No entiendes – me dice negando – Te quiero como más que a una amiga. Desde el momento en que vi tus ojos por primera vez algo en ellos me cautivó. Es tu forma de ser, esa parte de ti que no demuestras más que conmigo, esa humanidad que sé que guardas aunque te creas un monstruo. Kyra te quiero.
- No Alex, eso no puede ser – me doy la vuelta y camino unos cuantos pasos.
- Kyra, por favor mírame – me pide poniéndose de frente a mí. Es todavía unos centímetros más bajo que yo. Tan delgado y pálido debido que bebo su sangre, tan inocente.
- Tengo 19 años y nunca envejeceré, soy un vampiro, tú un Lycan, nuestra amistad ni siquiera debió ser y ahora me dices que me quieres. Estás loco ¿Me entiendes? ¡Loco!
- No me importa, porque ahora haré hasta lo imposible porque vivas y te enamores de mí.
Niego frenéticamente con la cabeza mientras regreso a la celda de donde nunca debí salir.
- Kyra – va llamándome en susurros para no despertar a nadie.
Esto no puede ser. Lo quiero. Eso es verdad. Pero le estoy haciendo daño y no puedo soportarlo. No puedo seguir lastimando al único ser que no me aborrece en este mundo.
Paro en seco con un nuevo pensamiento en mente y me doy la vuelta. Él se queda estático cinco pasos detrás de mí.
- Lo siento Alex – le digo antes de avanzar a velocidad vampírica hasta él y morderle el cuello.
El sabor a su sangre ya me es familiar, pero sigue siendo deliciosa y mi apetito es insaciable. Lo siento quejarse un poco y después se desvanece. Entonces lo dejo. Su pulso sigue ahí, débil, pero ahí. Estará bien.
Voy y ataco la primera cabaña que me encuentro. Un Lycan duerme y me parece que es Carlo. Me le voy encima pero sin deseos de matarlo, sólo de asustarlo.
Carlo despierta en cuanto le caigo encima y grita. Casi puedo reír. A Alex le hubiera encantado escucharlo.
Sé que puedo morir, pero eso es lo de menos, es más, es lo que deseo. Así que empiezo una lucha en contra de él. No es la gran cosa, Carlo aún es un Lycan aprendiz y no me costaría para nada acabar con él.
Inmediatamente los demás Lycans llegan. Henry delante de todos. Les sonrío maliciosamente.
- ¿Dónde está Alex? – me pregunta Patrick preocupado. Sonrío internamente sabiendo que Alex tiene un verdadero amigo aquí.
- Allá afuera, muerto – respondo dejando salir al monstruo y Patrick se va corriendo.
- No huirás de aquí – me amenaza Rick con la voz cortada por el miedo.
- ¿Y quién me lo va a impedir? ¿Tú Lycan?
- Todos lo haremos – se para al frente Nell con una actitud valiente.
- Eso quiero verlo – me les voy encima y Henry se para delante de todos.
- ¡Basta ya! – me detiene en seco con una sola mano – Ustedes, largo de aquí – les ordena a los demás y vuelve a dirigirse a mí en cuantos todos se van - ¿Quieres morir, no? – me reta y lo miro con una súplica en los ojos.
- ¿Quién va a matarme, tu, Anciano?
- No – niega rotundamente – Yo sé lo que quieres Kyra, sé a qué viniste, ¿Y sabes qué? No voy a darte el gusto.
- ¿Qué?
- Vete de aquí.
- ¡Mátame! ¡Mátame!
- No. Tu castigo será ese. Vivir siendo lo que eres. Ese monstruo que tanto detesta ser.
- No puedes ser tan cruel.
- Heriste a uno de los míos. Puedo ser tan cruel como se me pegue la gana serlo.
- Moriré de todos modos, encontraré la manera.
- No lo harás. Nosotros éramos tu única opción. Ya no tienes más pistas de otro campamento Lycan y ninguno de nosotros te hará daño.
- Si no me matas serás el culpable de todas las victimas que mueran en mis manos.
- Quizá, pero dudo que seas capaz. Alex ya te ha enseñado una nueva forma de vivir.
- ¡Alex era un idiota!
- Y aún así, lo harás por él. Porque lo quieres.
- Soy un vampiro, yo no puedo querer – le suelto molesta.
- Ya ves que sí. De otro modo no lo habrías dejado inconsciente para que te matáramos antes de que le hicieras más daño bebiendo su sangre a diario. Él te quiere Kyra, corresponde bien a ese amor.
- ¿Cómo sabes tú todo eso?
- Soy un Lycan con más años de los que puedo recordar. Sé cosas.
- Te lo suplico Henry. Mátame.
- No podría aunque quisiera.
- ¿Por qué?
- Porque le di mi palabra a Alex de que no lo haría. Y sé cumplir mis promesas.
Caigo de rodillas agachando la cabeza decepcionada.
- Vete ya – estoy derrotada, él no me matará.
- Si de verdad cumples tus promesas – le digo – hazme un favor.
No responde, sólo me mira.
- Haz que Alex se olvide de mí.
- ¿Cómo podría yo hacer eso?
- Como se te ocurra, encontrarás la manera.
- ¿Por qué?
- Porque lo quiero demasiado para dejar que siga sufriendo por mí. Es apenas un niño, sé que olvidará ese amor que dice sentir, pero de todos modos, no lo dejes recordarme.
- Haré lo que pueda.
Asiento, me levanto y abro la puerta de la cabaña. Lo miro otra vez y con lágrimas en los ojos lo abrazo.
- Dale un abrazo de mi parte – le digo y me voy antes de que pueda ver su cara de asco por haberlo abrazado.
Corro sin destino fijo. Corro lo más lejos de ahí. Corro antes de que estas ganas de ver a Alex por última vez sean más fuertes que yo y rompa mi promesa silenciosa de no hacerlo sufrir más. Corro por él. Esperando que en el fondo nunca logre olvidarme de verdad, porque yo nunca lo voy a olvidar a él.

Fin de Parte 1

Recuerden que la segudan parte es narrada exclusivamente por Kyra ;D... Un abrazimísimo enorme y nos vemos, si puedo, al rato con nuevo capítulo de Tú Ángel!!!

29/12/2011

Más de Lycans en este Doble Maratón Especial!!!

Nos vemos mañana pero cambiando un poco los papeles, publicamos primero Lycans y si puedo escribir Tú Ángel lo publicaré en la noche, les parece??
Esto es: Lycans!!!
Creo que mis palabras la sorprendieron porque de pronto pareció que su humanidad aplacaba al “Monstruo”, aunque eso sólo duró un minuto, en seguida volvieron a asomarse sus colmillos y a ponerse oscuros sus ojos, esos ojos grises que tanto me habían gustado.
- Vete de aquí, sal, no quiero hacerte daño… por favor.
Me pide y aunque no quiero, sé que lo está haciendo por mi bien.
- Estaré aquí afuera – le digo y salgo.
La escucho quejarse mientras la sed la domina. Es espantoso escucharla, quiero ayudarla, pero tal como dijo rompió las cadenas y pronto la tenía queriendo destrozar la puerta para salir por alimento. La puerta resiste, es acero sólido. Ni siquiera un lycan transformado podría romper las celdas de castigo y por lo que sé, uno de nosotros es mucho más fuerte que un vampiro. Espero que sea verdad.
- Tranquila – le pido mirándola a los ojos. Me gruñe.
Sus colmillos son filosos, lo sé, ya los he sentido.
- Tranquila, no eres un monstruo, puedes dominarlo.
Algo en ella parece calmarse, pero sigue siendo un vampiro hambriento que intenta alimentarse y no deja de empujar la puerta.
El ruido que hace intriga a mis compañeros y pronto están todos rodeándome.
- Matémosla de una vez – sugiere Carlo asustado.
Lo miro maldiciéndolo con la mirada.
- Es peligrosa Alex, entiende – me pide Patrick.
- ¡Cobardes! – les grito impotente.
- Prefiero ser cobarde a un cadáver – me dice Rick a punto de orinarse en sus pantalones.
- Ella está a mi cargo y no la mataré, no le pondrán un solo dedo encima ¿Entendieron?
Me gruñen y me pongo en guardia. Si hemos de llevarlo al extremo no seré yo quien de un paso atrás.
- Cálmense todos – habla Henry – Y ustedes, váyanse a la cama – les ordena.
- Henry por favor, esto es una tontería – suplica Joel.
- No podemos tenerla aquí, ¿Cómo vamos a dormir con eso en la misma zona?
- De todos modos tendrán que acostumbrarse a convivir con estos seres, así que dejen de quejarse y váyanse a dormir.
Los chicos me miran con furia, todos menos Patrick, que no sabe qué hacer, por un lado tiene miedo, por otro quisiera apoyarme, lo sé. Es lo más cercano a un amigo que tengo aquí.
Pero se van, como perros falderos se van agachando la cabeza. Me quedo enojado, Henry lo sabe cuando me habla otra vez.
- Tenemos que hacer algo con ella.
- ¿Tú también quieres matarla?
- Estaba pensando en inmovilizarla. Si sigue así va a terminar rompiendo la puerta.
- Eso es imposible – niego.
- Encontrará la manera de salir, eso sí es seguro.
Estoy de acuerdo.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Alimentarla.
- ¿Cómo?
- No sé, pero piensa rápido o no podré dormir con todo su escándalo.
Cuando se va yo ya estoy pensando en posibilidades, pero no se me ocurre ninguna buena aparte de darle mi sangre.
- Oye – le digo – cálmate, iré a ver qué puedo traerte.
No parece entender del todo, pero al menos deja de azotar la puerta.
Salgo corriendo hacia el bosque. Quizá si logro cambiar su dieta desde antes de que sea adicta a la sangre ella ya no se sienta un monstruo y no quiera morir, me regocijo en esa idea mientras busco frutas, todas las que puedo cargar, las más deliciosas que encuentro.
Se las llevo con esperanza.
- Mira, traje frutas, quizá te gusten ¿Las has probado desde que eres vampiro?
Está en un rincón, abrazando sus piernas pero aún así con los colmillos asomándoseles.
Niega apenas y se las ofrezco nuevamente. No viene. Intento abrir la puerta cuando grita:
- ¡No! Quédate ahí fuera.
- Ven a comer.
- Son frutas – me dice con asco.
- Tienes que alimentarte con algo.
Se niega al principio, pero al fin se acerca y toma una manzana. Duda, me mira, y muerde. Sus colmillos hacen trizas la fruta en dos segundos.
- Quizá algo más grande – le pido. Parece desesperada y muerta de hambre. Sus ojos demuestran frustración e incluso tristeza.
Asiente y toma una sandía. No necesita cortarla. La muerde tal como está. Al menos la sandía no se hace trizas, pero la marca que en ella dejan los colmillos es francamente estresante.
- No sabe a nada – me dice enojada y arrojando la sandía hasta el otro lado de la celda haciéndola puré.
- Traeré otra cosa, otra fruta – le prometo.
- ¿Por qué haces esto? – pregunta agarrando los barrotes – Mejor mátame – me pide con lágrimas en los ojos – Mátame por favor. No puedo comer esto, no puedo comer nada. Quiero sangre, sangre ¿Entiendes?
- Iré por algo, lo prometo, encontraré la manera.
Y me voy, porque por alguna razón me duele verla así. Necesito ayudarla y la muerte no es su solución. Algo, algo debe haber.
Busco durante varios minutos algo que pueda ayudarla, y al poner atención a la naturaleza, ella me responde.
Un conejo pasa corriendo a mi lado. ¿Henry se enojará si mato un conejo? Espero que no.
Se lo llevo deprisa, su corazón aún late, está nervioso pero eso pronto pasará.
- ¿Crees que puedas? – le pregunto y ella mira el conejo con ojos de asco.
Traga saliva. Quizá no es lo que estaba esperando pero se acerca nuevamente.
- Dámelo – me pide y se lo paso por entre los barrotes. El conejo mueve las patitas asustado – Quizá no quieras ver esto.
Asiento y volteo.
Escucho el corazón del conejo acelerarse al máximo y los colmillos de ella desgarrando la carne del pobre animal.
La miro succionar la sangre, sus ojos cambian de color mientras se alimentan, regresan a ser esos ojos grises que tanto me gustan, pero aún más seductores, porque tienen un brillo especial, como la Luna misma.
Y aparta la boca de la presa con los labios ensangrentados. Respira hondo con la cabeza hacia atrás. Parece que hemos encontrado la manera de alimentarla sin que se sienta un monstruo.
- ¿Mejor? – le pregunto sonriente.
- No debiste ver esto. Es espantoso ¿No?
- No, no tanto – acepto y me sonríe.
Su sonrisa es como el atardecer más bello que hayas presenciado: Magnifica.
Y cuando estoy por celebrarlo entrando a su celda ella se enarca hacia delante con la mano en la garganta. Me preocupo.
- ¿Qué te pasa? Oye – no responde – Háblame.
Nada. Y finalmente, devuelve todo.
- ¿Qué pasó? – le pregunto cuando la veo más tranquila.
- Mi estómago no lo aguanta, no es lo que necesita.
- Iré por otra cosa, tal vez un animal más grande.
- No, déjalo ya – me pide.
- Tienes que alimentarte.
- No debo – me dice – no lo merezco. Esto debe ser mi castigo, por ser lo que soy, por las cosas malas que hice.
- No es un castigo, vas a salir adelante.
- ¿Por qué un Lycan querría ayudar a un vampiro?
- Porque yo no soy como los demás Lycans.
- Tus amigos quieren matarme, deberías dejarlos.
- Ellos no son mis amigos, quizá Patrick nada más, pero no los demás.
- ¿Y Patrick quiere matarme?
- No, sólo te tiene miedo.
- ¿Y tú no me tienes miedo?
- No – le sonrío.
- Eres un niño ¿Cuántos años tienes?
- 16 – me dice.
- ¿No eres muy chico para ser un Lycan? Pensé que se transformaban después de los 18.
- Regularmente sí, pero a veces hay raros como yo que empezamos antes, no sé por qué.
- ¿Raros? Yo diría… Mejores.
Sonrío algo avergonzado. La veo cerrar los ojos poco a poco.
- Oye… ¿Estás bien?
Pero no responde y se cae al suelo.

Cuando empiezo a reaccionar siento en la boca un sabor peculiar. Sangre… humana.
Abro los ojos de golpe y me alejo lo más posible de mi víctima.
- Tranquila, todo está bien.
- ¿Qué haces? – le pregunto asustada viendo lo pálido que está.
- No iba a dejarte morir.
- ¿Y me das tu sangre?
- Eso es lo único que se me ocurría.
- ¡Tonto! Es una locura. Vete de aquí.
- No, voy a ayudarte,
- No quiero tu ayuda.
- Pensé que eso era por lo que venías.
- Venía a que me mataran, no a que me ayudaran a vivir de una mejor manera.
- Pues lo siento, pero eso es lo que haré.
- No seas necio niño, déjame marchar al menos si no me vas a matar.
- Ni una ni otra, hasta que pueda ayudarte o Henry decida lo contrario.
- ¿Henry? ¿Su mentor? – asiente.
- Déjame hablar con él, quizá él entienda.
- No lo hará. Es un Lycan con todos los prejuicios incluidos.
- No sé si eres tonto o sólo demasiado bueno.
- Prefiero pensar que bueno.
Sonríe sólo unos segundos.
- No debiste hacer eso – me dice. Pude haberte atacado.
- Lo hice de todo corazón.
- Eso es aún peor.
- No, porque somos amigos, eso hacen los amigos.
- ¿Amigos? ¿De verdad podrías ser amigo de un monstruo como yo?
- Si tú eres un verdadero monstruo entonces yo también.
- ¿Y tú por qué? No matas inocentes, no necesitas sangre para sobrevivir, combates contra seres como yo. Eres más un héroe.
- Me convierto en una bestia peluda y enorme que tiene que practicar mucho para poderse controlar.
- Eso no es verdad.
- Oh, claro que lo es. Las primeras transformaciones son un tormento, no sabes de ti ni de lo que haces. Por eso existen estas celdas – me muestra – para que no hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos.
- ¿Cómo sucede?
Se encoge de hombros.
- Empiezan con pequeños indicios. Sientes que la Luna Llena te llama, te canta, te atrapa. Y aúllas. Al principio esos aullidos son horribles, déjame decirte, pero con el tiempo empiezas a hacerlos mejor. Cuando mis papás se dieron cuenta que algo extraño pasaba conmigo me mandaron aquí. La transformación y el entrenamiento empieza entonces. Pueden salirte primero las orejas, como a Patrick, o la cola, como a Nell. Poco a poco te vas transformando y al final puedes convertirte, pero la primera vez pierdes la conciencia por completo, o al menos eso me han dicho. Te vuelves más bestia que humano y el Lycan te controla porque nunca ha salido antes, se siente libre y pleno. Es difícil encontrar el equilibrio.
- ¿Cuánto tiempo tardarás en convertirte?
- Depende de la persona. Muchos tardan años, algunos sólo meses.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Dos meses.
- ¿Y cuál es tu avance?
- Ni siquiera he intentado hacer algo.
- ¿Por qué?
- Todos me tratan como a un bebé, y lo peor es que ni siquiera son mucho más grandes que yo. Se sienten superiores, Dioses. Y eso me enoja mucho.
- Pero si ustedes están aquí, juntos, como equipo ¿No deberían llevarse mejor?
- Lo haríamos. Es decir. Todos ellos se llevan muy bien, pero yo soy el pequeño, el que llegó después, el que sale de contexto, y eso los vuelve… soberbios.
- Tontos – suelto intentando apoyarlo.
- Lo mismo digo.
- ¿Qué más hacen aquí?
- Henry nos enseña algunas cosas de la escuela. Letras, números, historia, geografía, en fin, todo eso. Y también se vuelve nuestro entrenador personal. Nos enseña combate, ataques, defensa, todo eso.
Nos quedamos callados un momento.
- Odio no poder llamarte por tu nombre ¿Me lo dices?
- Soy Alex. ¿Y tú?
- Kyra – le sonrío lo mejor que puedo.
- Kyra… que bonito nombre.

Lamento la demora... (se me está haciendo costumbre poner este título...)

Lamento la demora, otra vez... Esto es: TÚ ÁNGEL!!!
- Ahora le… - estoy diciéndole al chofer cuando veo en la calle, estacionado frente a mi casa, el auto que menos esperé - …pago.
- Seguro señorita – me sonríe amable.
Salgo del auto y me dirijo a mi casa. No puede ser.
- ¿Mamá? – entro dudando.
- Hola nena, mira quién está aquí.
Y levantándose del sillón en el que estaba sentado voltea a verme de frente.
- Hola Meg… otra vez.
- Damen – me quedo pasmada.
Mi mamá está detrás de él esperando una buena explicación.
- ¿Ma? ¿Me prestas dinero? Vine en taxi y está a fuera esperando.
- Yo salgo a pagar, ahora regreso.
Mamá se va.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto esperando que ni papá ni Ian estén en casa.
- Dejaste tu mochila en el auto.
- ¿Le dijiste a mamá?
- ¿Qué podría inventarle? Claro que le dije.
- ¿Todo?
- Que pasaba por tu escuela, te vi y te invité a dar una vuelta, si a eso le puedes decir todo, entonces sí.
- ¿Y se la creyó?
- ¿Por qué no habría de hacerlo?
- ¿A dónde fuimos a dar la vuelta?
- Por el centro, ni nos bajamos del auto.
- Bien.
- Wow – escucho una nueva voz en casa.
- Hola Cindy – saludo a mi hermana que acaba de entrar junto con mamá.
- Wow.
Damen sonríe y acercándose a ella me dice bajito cuando pasa junto a mí.
- ¿Qué las mujeres de tu familia no se saben otra palabra?
Me río.
- Hola Cindy, tu madre me ha hablado mucho de ti.
- Wow.
Vuelvo a reír. Damen me mira.
- Damen vino a dejarle su mochila a Meg.
- Su mochila… ¿Y cómo por qué él tendría su mochila?
- Es una historia divertida en realidad. Yo pasaba por la escuela de Meg y la vi por casualidad así que la invité a dar una vuelta y como sinceramente he andado muy apurado con el trabajo para hablarle como quedamos, fue la ocasión perfecta para platicar lo que ni pudimos en el Aniversario de la Revista. Y bueno, a Meg se le olvidó la bolsa en el coche y como creí que podría necesitarla, la traje.
- Muy amable de tu parte Damen – sonríe mamá.
- Sí, muy amable – asiente Cindy mirándome entre celosa, juguetona y arrepentida por no haberme creído del todo.
No platicamos mucho porque él se tiene que ir, pero es muy amable mientras está en casa. No deja de sonreír ni un momento y contesta y asiente caballeroso a las preguntas y anécdotas de Cindy y mamá.
Por último se despide y lo acompaño a la puerta.
- Gracias por mis cosas, pensé que tendría que hacer todo mi trabajo otra vez y es muchísimo.
- Me hubieras hablado.
- Mi celular se quedó en la mochila.
- ¿No has intentado la telepatía? A mí me funciona.
Sonreímos. Si supiera que conmigo y mi familia eso realmente es cierto.
- Nos vemos el martes – besa mi mejilla, se pone sus gafas negras, sube al auto y se va.
Cuando regreso a casa Cindy me enloquece con todas sus preguntas.
- ¿Cuándo quedaron de verse otra vez? ¿Cómo pasó exactamente lo del paseo? ¿Qué platicaron? ¿Qué te dijo al despedirse? ¿Qué te contó de su vida?...
Y quién sabe qué más.
Trato de contestar todas lo mejor posible, sin dar datos comprometedores y sin llegar a la mentira, aunque sinceramente es un poco difícil.
Afirmo que quedamos de vernos el siguiente martes pero que él va a estar tan ocupado que probablemente ni se acuerde. Cindy queda conforme y yo subo a hacer mi tarea.
Cuando abro mi mochila, junto a la laptop, hay otro tulipán rojo.
Es gracioso, el anterior ni siquiera se ha secado. Los pongo a ambos en el mismo florero.

El fin de semana pasa rápido y el martes llega. Como lo prometió Damen está esperándome a las 12:00 en punto. Vamos nuevamente al parque y casi estoy segura de que Rob me sonríe esta vez.
Practicamos durante dos horas y media hasta que terminamos platicando de su trabajo y de mi escuela. Él me cuenta de algunas películas y yo de mis amigos, por mi parte no hay mucho que pueda contar, lo divertido de mi vida es un secreto.
Cuando terminamos me lleva a casa donde por suerte no hay nadie. Mamá debe estar con Tía Gaby y Cindy en la escuela. Ian, papá y Mark seguramente Arriba. Me despido de él en la entrada de mi casa y se va, otra vez, después de intentar besarme.
Quedamos de vernos el viernes, lo cual a mi me va perfecto.
Y así siguen nuestras salidas programadas entre semana. Vamos al parque, practicamos, platicamos y me lleva a casa, a excepción de un miércoles que lo llamaron de la Agencia y tuvo que dejarme en la escuela porque le quedaba de paso e ir a dejarme hasta mi casa lo hubiera retrasado. Ese día llegué un poco tarde y papá, que ya estaba ahí, me llamó la atención pero no pasó de eso.
Adoraba a mi papá, era comprensivo y cariñoso, aunque aún no estaba segura de querer hablarle de Damen, ni a él ni a Ian, y mamá respetaba mi decisión, después de todo no era la gran cosa, sólo un amigo del que papá podría encelarse, mamá también quería evitar eso. Damen es un chico respetable a pesar de la fama que revistas de chismes le habían hecho y sí, quizá era un tanto mujeriego, pero yo no soy como cualquier chica.
Los dos meses pasaron y él pronto tendría que irse, ya tenía su itinerario planeado. Viajaría primero a Europa, iría después a Brasil y finalmente terminaría en Los Ángeles.
- Voy a extrañarte – le soy sincera cuando estamos frente a mi casa.
- Esperaba que dijeras eso porque yo también voy a extrañarte.
- ¿Vendrás a verme? – pregunto esperanzada.
- Me gustaría, de verdad
- Pero… - anticipo.
- Pero nada – sonríe – No siempre hay un pero.
- Pero…
- Qué negativa eres – acusa – Lo que pasa es que no sé si podré escaparme – termina por confesar.
- Ya ves como si había un “Pero” – sonríe.
- Sería más sencillo que tú me visitaras a mí.
- Pero no lo haré – niego lamentándome por ello ya que sí, sería sencillo orbitar hasta su hotel y darle una sorpresa de vez en cuando, pero para es necesitaría contarle lo que soy y no puedo hacer eso.
- Al menos miénteme y dame esperanzas de que lo harás – pide.
- No puedo… mentir – agacho la mirada.
- Te llamaré, lo prometo.
Eso hace que sonría ligeramente. Van a ser prácticamente seis meses sin verlo.
- ¿Y… me darás un beso de despedida? – pide con una sonrisa coqueta.
Niego regresando a mi actitud fuerte.
- ¿Qué tienes con los besos?
- ¿Qué tienes tú en su contra?
- No tengo nada en contra de ellos, sólo… no creo que sea buena idea.
- ¿Por qué no? – pregunta acercándoseme.
Pone su mano en mi cuello y no deja de acercarse.
- ¿Dime que no estás deseando besarme tanto como yo deseo besarte?
Cierro los ojos esperando el momento en que nuestros labios se unan…
- No – reacciono y me alejo.
- ¿No lo deseas?
- Sí, claro que sí, pero mejor no.
- ¿Por qué?
- Vas muy rápido Damen.
- Me gustas.
- En seis meses – prometo – cuando regreses de grabar tu película y si es que aún no me has olvidado, entonces te recibiré con un beso.
Sonríe.
- Estaré esperando ese día con ansias.
- Regresa pronto – lo beso en la mejilla y salgo.
- Por ti – me mira a los ojos con una expresión que pocas veces le he visto en este tiempo.
Es sinceridad, una completa honestidad.
Y de pronto eso se va, sonríe nervioso, se pone sus gafas oscuras y vuelve a irse.
Realmente voy a extrañarlo.

Bueno chicas, con la mala noticia de que no sé si mañana publique ésta historia porque no tengo más capítulos en la computadora, todos están en borrador en libretas por ahí y la verdad es que tengo mucha, mucha tarea de la escuela, para empezar hacer una máscara y para terminar inventarme toda una marca con todo lo que ello requiere, complicado pues.
En fin las veo al rato con Lycans...

28/12/2011

Lycans... otra vez!!!!

Dedicado a un Gran Amigo: LUIS JULIÁN...
No sé dedicarte algo mejor, esto es parte de mi vida, igual que tú. Gracias por todo!!! 
TE QUIERO!!! =D

Bueno chicas, les explico un poco la dinámica de esta historia. Va a estar dividido en tres partes, la primera, que estamos ya por acabar, es narrada por ambos. Kyra y Alex, la segunda sólo por Kyra y la Tercera sólo por Alex, quizá haya uno que otro capítulo extraño por ahí porque aún no he escrito todo entonces pues mi extraña mente cambia de todo de pronto, pero al menos ese es el plan.
Las dejo leyendo y muchas, muchas gracias por sus visitas... Esto es: Lycans!!!
Despierto lentamente, la cabeza me duele un poco y mi vista está un poco nublada. Ya empiezo a tener sed otra vez, mi garganta se siente seca y quema de una manera asquerosa.
Intento llevarme una mano a la cabeza y es cuando me doy cuenta que estoy encadenada.
- ¿Qué…? – pregunto confundida al intentar quitarme los grilletes.
- Henry cree que es por nuestro bien – escucho nuevamente su voz.
Y lo veo, sentado en el otro lado de lo que parece una celda. La luz de la luna ilumina la parte baja de su cuerpo. Me quedo callada. Se levanta y se acerca apenas para que pueda apreciar su rostro. Es moreno y bastante guapo, aunque un tanto delgado y pequeño.
- ¿Eres uno de ellos? – le pregunto - ¿Un Lycan?
- ¿Por qué quieres saber? – me interroga.
- Necesito un favor.
- ¿Cuál?
- Primero necesito saber si eres un Lycan.
Duda, pero responde.
- Lo soy, ¿Qué quieres?
- Que me maten – pido sin titubeos.
- ¿¡Qué!? – su cara es tan graciosa que quiero reírme, pero me resisto para no restarle importancia a mi petición.
No hablamos por un tiempo.
- Hablas en serio – se sienta junto a mí y me tenso.
- No deberías estar aquí – recuerdo – Puedo hacerte daño.
- ¿Tienes sed?
- Cuando eres un recién convertido todo el tiempo tienes sed.
- ¿Así que eres recién convertida?
- Sí – confieso.
- ¿Por qué quieres morir entonces?
- No fue mi decisión.
- ¿No se supone que ustedes tienen que aceptar ser… vampiros?
- Se supone – acepto – pero nunca mencionan que aceptas… digamos, que una especie de hechizo.
- ¿Hechizo?
- ¿Vas a ayudarme? – le pregunto.
- Henry es quien decide, si por mi fuera… No – acepta sin titubeos.
- Soy un vampiro, un monstruo, su rival natural, ¿Y no quieres matarme?
- Vampiro, sí. Monstruo, no. Rival… no mío.
- ¿Monstruo, no? Sólo mírame, bebí tu sangre.
- Estabas sedienta.
- ¡Exacto! Y eso es algo que no puedo controlar, nunca podré, soy un monstruo. Podría atacar a cualquier ser inocente en cualquier momento.
- No te veo como un monstruo, y la prueba de ello es que no quieres serlo.
- De todos modos soy un vampiro, un depredador peligroso.
- Pero no fue porque quisiste, sino porque estabas… ¿Hechizada? ¿Cómo puedes estar hechizada?
Lo miro. Realmente quiere saber y aunque yo no deseo platicarlo quizá lo que diga pueda ayudarlos a vencer a mí ahora especie.
- Los vampiros son seductores por naturaleza, desde sus ojos, su voz, su aroma, hasta su forma de moverse, de comportarse, de ser irreales.
Yo era una niña tonta, como todas, buscaba cosas banales, tontas, sin sentido, y entonces lo conocí. Era el hombre más guapo sobre la tierra, culto, inteligente, perfecto, de mundo, y yo sólo una chica que jamás había salido de su estado. Claro que caí, no necesitó hacer gran cosa, pronto estaba a sus pies, hacía lo que quisiera, lo que deseara y cuando lo deseaba, una esclava por consentimiento a la que recompensaba con el bajo precio de su buen trato y sonrisas primero, y de sus caricias y besos después. Me enamoré, o eso creí, hoy sinceramente lo dudo. Era sólo el espejismo, la mala jugada de mis sentidos que deseaban estar todo el tiempo con él. ¿Y cómo no? Era un vampiro. Cundo me lo dijo yo ya había dejado todo por él. Mi escuela, mis amigos, mi casa y… mi familia. No tenía sentido para mí quedarme con ellos, Él me hizo creer que me odiaban, que estaban en mi contra y que nunca aceptarían lo nuestro – Río con melancolía y furia – Claro que no lo hubieran aceptado, él era casi 13 años mayor que yo, bueno, en apariencia al menos, en la realidad me llevaba más de 120 años.
- ¿Por qué no escapaste cuando lo supiste?
- Ya te lo dije, estaba endiosada, cegada. Me gustó todo lo que me dijo, la inmortalidad, la perfección. Era el mejor mundo de los mundos. Me habló de ustedes, de la guerra, de sus debilidades, de sus fortalezas, me explicó cada punto, cada regla, y las acepté, me las aprendí de memoria. Entonces comenzó mi transformación, porque no se hace de un día para otro. Necesitas tiempo y el consentimiento de la persona. Lo primero que hace el vampiro es aprobar a la presa, deducir si tiene “potencial” para ser un vampiro, después hay que empezar a darle tu sangre, un poco cada día durante tres meses, poco a poco la dosis aumenta y finalmente te haces adicta a ella, hasta que te conviertes. Bebí como idiota, como si la vida se me fuera en ello, y se me fue. Al cabo de un tiempo ya no me sentía igual. Mi fuerza creció, mi velocidad avanzó, todo. Entonces el hechizo empezó a dejar de hacer efecto, ya no lo veía como algo perfecto, seguía enamorada pero le encontraba defectos, y como si estuviera despertando de un largo sueño me di cuenta de las muchas víctimas que llevaba a casa para alimentarse. Me daba asco, lo veía mal, le pedí que dejara de hacerlo pero nunca me hizo caso. Al cabo de seis meses yo ya bebía sangre de él casi todo el tiempo, eso lo debilitaba, pero no se quejaba. Un vampiro – le dije – no puede transformar a más de una persona a la vez, no resistirían darle de beber a más de uno durante tanto tiempo, esto tienen que recordarlo. El mejor momento para matar a un vampiro es en el último mes de la transformación de su víctima, están débiles y suelen esconderse en lugares en los que se sientan seguros, lugares a veces demasiado alejados como montañas, cuevas, selvas, lugares aparentemente impenetrables, a veces demasiado a la vista, en ciudades con mucha gente, estos suelen tener más fuerza, porque no dejan de alimentarse, sus presas están a la mano.
- ¿Qué pasó al cabo de ese tiempo? ¿Cómo te conviertes? ¿Mueres?
- Es más que morir. De pronto ya no comes nada humano, todo lo que haces es beber de tu creador, y eso transforma tu organismo. Yo tardé siete meses para transformarme, fue hace apenas tres días.
- ¿Tres días? ¿Tan poco?
- Sí – asiento – Fue en Luna Llena. Mi creador me daba asco, sentía un odio extraño por él. En mis últimos dos meses trataba de defenderlo de mí misma aunque sabía que era tonto hacerlo, lo justificaba, pero simplemente era indefendible, empecé a aborrecerlo, pero lo soportaba porque necesitaba de su sangre. Mi organismo soportó el máximo del cambio y mi último atardecer llegó. La transformación fue horrible, sientes como que te quemas por dentro. La sed se vuelve feroz y ya no es la sangre de tu creador la que deseas, sino la de todos los demás.
- ¿Qué pasó con tu creador?
- Lo maté – confesé.
- ¿Por qué?
- Porque en las últimas horas de mi vida comprendí todo, que nunca me quiso, que sólo se trataba de poder, todo eso me hizo odiarlo aún más, y una vez convertida me le fui encima. Se supone que eso no es posible, pero yo lo hice. Lo maté.
- ¿Y después?
- Él sabía dónde estaba este campamento Lycan, quería atacarlo en cuanto yo pudiera acompañarlo, pero lo maté y decidí venir para que hicieran lo mismo conmigo.
- ¿Tan malo es?
- ¿Ser vampiro? – asiente – Por un lado te sientes, irónicamente, más vivo que nunca, pero por otro, el sólo hecho de pensar en lo que puedo hacer, es insoportable.
- No necesitas matar a nadie.
- Es mi alimento. La bestia dentro de mi busca a la presa y no hay quien pueda pararla. Ya lo viste, si no hubiera sido por tus compañeros ahora estarías muerto.
- Sólo necesitas acostumbrarte, dominarla…
- Lo que necesito es que me maten, así que hazlo.
- Yo no puedo – acepta – ni aunque quisiera podría.
- ¿Por qué?
- Aún no soy un Lycan completo.
- Entiendo – acepto – Pero alguien de tus compañeros…
- El único capaz de matarte sería Henry, nuestro mentor, pero la verdad…
- ¿La verdad qué?
- ¿Por qué no intentamos otra cosa, poder dejar que vivas?
- No quiero vivir. No con este miedo a la sed que incluso ahora mismo me trastorna. La garganta me está quemando como no tienes una idea, mi olfato sólo puede ubicar tu sangre y entre más escucho tu pulso marcado más insoportable es resistirme. Tú al menos eres un Lycan, quizá no podría matarte, pero los humanos son otra cosa, son seres frágiles, débiles de mente. Así como yo era. Lo de menos sería matarlos, no quiero convertirlos.
- Tampoco tienes por qué hacerlo.
- Tú no comprendes, es parte de mí el seducir, el engañar. Soy un monstruo. ¡Mátame!
- No
- ¡Mátame!
- No. Puedes probar nuevas opciones.
- ¿Cuáles nuevas opciones?
- No lo sé, déjame pensar en una.
- Empiezo a sentirme mal, vete de aquí, tu sangre me llama.
- No te dejaré.
- ¿Qué pretendes lobito? Puedo matarte en un segundo, estas cadenas no durarán para siempre y con un poco más de hambre las arrancaré de tan sólo un jalón.
- Contrólate.
- No puedo ¿No entiendes? ¡No puedo!
Un dolor en la columna me hace arquearme hasta casi por la mitad y suelto un grito a todo pulmón. Ya no me importa. Los colmillos vuelven a picarme las encías y la lengua está seca. Necesito beber.
- ¡Lárgate!¡Lárgate!
- Escúchame, vuelve, no te dejes dominar.
- ¡Vete!
- Estoy aquí, no voy a dejarte.
- Puedo matarte.
- No lo harás, ahora somos amigos. Ni siquiera los monstruos matan a sus amigos.
“Amigos” Que bonita palabra.


Un abrazamísimo enorme y nos vemos mañana ;) !!

Lamento la demora... =( ...otra vez...

Lamento la demora pero aquí está el nuevo capítulo de Tú Ángel y en unas horas el de Lycans!!!
Estense pendientes!!! =D
Es jueves, he esperado la llamada de Damen toda la semana y a estas fechas ya casi estoy segura que olvidó nuestra cita. Intento hacerme a la idea que no me importa en lo más mínimo, pero la verdad es que sí, no pude dejar de soñar con él, con sus ojos, con sus labios y con ese casi beso que no nos dimos.
- ¿Meg?... ¡Meg!
- ¿Qué, qué? – regreso al mundo real en medio de la clase de literatura y con la profesora mirándome enojada.
- ¿Interrumpo tus pensamientos?
- Pues… - escucho risas de algunos compañeros.
- Megan – enfurece la profesora.
- ¿Qué?
- Haz el favor de salir del salón.
- ¿Qué, por qué?
- Megan.
Ruedo los ojos, me levanto, meto mis libros a la mochila y salgo. Veo a Brigitt burlándose de mí al salir. ¡Qué se pudra!
Bajo al patio, dejo mis cosas en la mesa y me pongo a dar vueltas como desesperada ¿Qué le pasa? ¡Ni que hubiera hecho algo que nadie más! Lo que pasa es que le caigo mal porque sé más de literatura que ella.
- ¿Ocupada? – siento que me rodean unos brazos y unos labios me susurran al oído. Volteo el resto y lo veo, cerca de mi rostro, con sus hermosos ojos negros y esa sonrisa encantadora en sus labios.
Sonrío y mi corazón estalla de emoción. Sé que mis ojos destellan con un brillo sin igual cuando él me mira de una manera distinta. Traga saliva y sonríe, pero ahora ya no de una manera coqueta, sino nerviosa, y se aleja de mí.
- ¿Qué? ¿Te puse nervioso? – bromeo.
- No – niega sin mirarme a los ojos pero sigue tan nervioso que sé que sí.
- Pensé que ya no vendrías.
- Lo prometí ¿No?
- En realidad no, sólo lo dijiste.
- Bueno, pero si hay algo que nunca rompo es una promesa y mi palabra. Además son las 12 ¿No?
Reviso mi reloj y así es, las 12:00 en punto. Sonrío.
- ¿Nos vamos?
Asiento, me toma de la mano, tomo mi mochila y caminamos hasta su auto. Me abre la puerta caballerosamente y casi me sonrojo. Todo es como un sueño, uno del que nunca, jamás, quiero despertar.

Cuando llegamos al parque Rob parece no haberse movido. Lo saludamos y él apenas y asiente con la cabeza gesticulando algo parecido a una sonrisa.
- Parece diferente – le digo refiriéndome al lugar.
- ¿Diferente?
- Con más color, no sé – me encojo de hombros creyendo que hablé de más. Ahora creerá que estoy loca.
- Eso pasa cuando estás con la persona adecuada.
Me dice tomándome del cuello y acercándose a mis labios.
Quiero besarlo, de verdad que quiero, pero no puedo y lo digo en forma literal, hay algo dentro de mí que me advierte que si pruebo sus labios nunca podré dejarlo y le tengo miedo a esa sensación.
- ¿Qué no tenías una clase que darme? – me alejo de él tomándolo de la mano y dando brinquitos hacia atrás. Sonríe medio negando y avanzando conmigo.
- ¿Te puse nerviosa? – reta en el mismo tono en el que yo se lo había preguntado.
Le hago un gesto de “No me importa” mientras le saco la lengua y sonríe.
- Ya, muéstrame cómo haces ese movimiento.
- Pues es muy sencillo, pero querías clases de ataque ¿No? Pues bien, empecemos por lo básico.
Y así iniciaron mis clases de ataque. Había movimientos que me sorprendían, pero me esforzaba más en hacerlos. Fueron casi tres horas de entrenamiento intenso, pero era un entrenamiento distinto al de Mark, con él era algo riguroso, monótono, y Damen lo hacía entre risas, sorprendiéndome a cada instante. Fue muy divertido y por un momento ni siquiera se molestó en ser coqueto.
Finalmente regresamos a la escuela. Estaba rendida y sé que él también.
- Ven acá – me dijo cuando estacionó el auto.
- ¿Qué?
Y me quitó una ramita del cabello. Me reí un poco apenada.
- Quiero que me expliques me dice muy serio - ¿Cómo es posible que sepas tanto de defensa y nada de ataque? Además estás tan en buena forma que no me lo hubiese imaginado.
Me encojo de hombros.
- Todos tenemos secretos.
Sonríe acercándoseme.
- No podrías tener más razón.
Otra vez quiere besarme.
- Adiós Damen – le digo sonriendo y salgo del auto.
- Paso el martes por ti, necesitamos más práctica – dice asomándose por la ventana.
- ¿A la misma hora? – asiente y doy media vuelta pero me llama su voz.
- Y Meg – lo miro – Procura que ya no te saquen de clase – me dice sonriendo.
Quiero preguntarle cómo lo sabe pero ya se ha puesto sus gafas negras y arrancado el auto.
¿Cómo…cómo…? En fin, suspiro y entonces me doy cuenta de que he olvidado mi mochila en su auto.
- Torpe – me reprendo a mí misma.
¿Y ahora qué voy a hacer?
Jane me confirma que tenemos mucha tarea esta tarde y en especial hay un trabajo para entregar mañana que ya tenía iniciado y estaba precisamente en mi laptop, laptop que se había quedado en mi mochila.
- Tonta, tonta, tonta – me sigo reprendiendo.
- Pues llámale – me dice Jane.
- Mi celular también está en la mochila.
- Te presto el mío.
- No me sé su número.
- ¿Qué vas a hacer?
- Iniciar todo de nuevo ¿Qué más?
- Es una tortura, yo me tardé semanas para acabarlo y tú llevabas trabajando en él casi tres. Va a ser imposible.
- Nada es imposible Jane, ya veré qué hago. Nos vemos mañana – me despido.
- Suerte – me grita cuando ya he salido.
Me voy en taxi porque esperar a que llegue mamá, papá o quien sea de mi familia sería una pérdida total de tiempo y no puedo orbitar desde la escuela.

Nos vemos al rato!!!

27/12/2011

Lycans en este Doble Maratón Especial!!!

Segundo del día en el inicio de este Doble Maratón Especial!!!
Disfrútenlo y nos vemos mañanita muy tempranito!!!
- Resiste, resiste – me pide una voz que parece imposible, demasiado angelical para este infierno en el que vivo.
La garganta me quema, los músculos me obligan a atacar y me resisto, tengo que hacerlo, no voy a ser el monstruo en el que me convirtieron, moriré antes de matar a un inocente.
- Resiste, toma mi mano, resiste – me pide y siento su mano en la mía, queriendo que la tome, pero no puedo, no debo – Anda, toma mi mano, estoy aquí.
Suelto otro grito ahogado, no sé cuantos lleve, pero sé que son muchos menos de los que quiero gritar a todo pulmón.
Los colmillos me pican la encía, los dedos se entierran sobre el suelo en el que estoy y la espalda vuelve a enarcarse de dolor.
- Vete – le pido u ordeno por su bien.
Sé que se sorprende por escucharme, pero lo disimula de inmediato y me insiste nuevamente:
- Toma mi mano.
Él toma la mía con ansiedad y yo, ya que la tengo ahí, me imagino de pequeña otra vez y la aprieto con más fuerza de la que debería.
Él se queja, pero yo ya no puedo detenerme, me siento demasiado bien con su tacto.
Y sin pensarlo tampoco, llevo su brazo hasta mis labios que ansían sangre, tibia, deliciosa, aplacante para mi garganta.
- ¡Alex! – escucho otra voz.
- ¡Hagan que lo suelte! – ordena otra.
- ¡Matémosla! – propone una más.
Abro los ojos ante la amenaza y me levanto rápidamente, ya que he bebido tengo más fuerza y mi instinto de supervivencia ha despertado.
Veo todo borroso, demasiado nítido para comprenderlo ahora, demasiado bien que me quema la vista.
Seis hombres me acorralan y les gruño. Puedo vencerlos, lo sé.
- No – escucho nuevamente esta voz angelical.
Y por entre los seis hombres que intentan combatirme, puedo ver a otros dos. Uno cuidando de otro, intentando ayudarlo. Y es precisamente ese otro el que pide que “No”
- Déjenla.
- Pero Alex…
- Déjenla – vuelve a pedir y cuando me doy cuenta que fue él de quien bebí sangre caigo de rodillas.
Soy un monstruo.
- Inmovilícenla – ordena el hombre más viejo, el que cuida del que me ayudó.
Veo a uno de los hombres jóvenes acercándose y lo miro todavía enseñándoles los colmillos, se queda quieto y temeroso a pesar de que intenta parecer valiente, sonrío burlona y agacho la mirada nuevamente hacia el chico que, aunque ya se ha incorporado, aún se ve débil.
Alguien, supongo que el hombre aquél del que me había burlado, me da un golpe en la cabeza tan fuerte que me quedo inconsciente.

Un abrazamísimo enorme!!!

Tú Ángel!!! En un Doble Maratón Especial!!!

Hola chicas!!! Feliz Navidad (así o más retrasada con mis felicitaciones ¬¬)para ustedes también!!!
Olvidándonos de los días programados para las publicaciones, vamos a hacer esto, a ver qué les parece, si??
Por las mañanas publicaré Tú Ángel y por las noches Lycans, si? Será como un doble maratón para ver si logro rebasar las 123 entradas de mi primer año en Blogger.
¿¿Qué dicen?? ¿Me leerán?
Bueno, pues inciando con este DOBLE MARATÓN, las dejo leyendo Tú Ángel, a la que por cierto ya le tengo que cambiar portada, no?? Es justo y necesario...
- Vamos Meg, más rápido – me ordena Mark desde el centro del gimnasio - ¡Más rápido!
- ¡Voy rápido! – le respondo completamente fatigada pero corriendo y brincando y esquivando obstáculos.
- Estás lenta Meg ¡Más rápido!
Respiro hondo sin dejar de correr y en mi último esfuerzo exploto mi velocidad y agilidad.
Estoy corriendo cuando Mark lanza una bola de energía a mis piernas y caigo al suelo de costado.
- ¡Mark! ¿Qué te pasa? – le reclamo levantándome enojada.
- Debes de estar más atenta.
- Si me avisaras…
- Los demonios no van a avisarte cuando te ataquen.
- ¿Cuáles demonios, Mark? – sigo enojada por la caída – Ya no hay demonios y si los hay no son tan tontos como para atacarme a mí.
- Meg – escucho una voz reprobatoria a mis espaldas.
No tengo que voltear para saber quién es. La profundidad en su tono de voz y la magnificencia en su forma de pronunciar incluso una palabra pequeña es inigualable.
- ¿Qué sucede?
- Nada Señor, nosotros sólo entrenábamos un poco.
- Gracias por tu respuesta Mark, pero fue a Meg a quien le pregunté.
Me volteo lenta pero tranquilamente.
- ¿Y?
- No está pasando nada – aseguro – Mark sólo me ayudaba a entrenar.
- ¿Qué? ¿Cómo gritar? – intenta amenizar el ambiente.
- ¿Por qué hacemos esto Miguel? – le pregunto un tanto frustrada – Nadie nos ha atacado en años, yo ni siquiera conozco a un demonio de carne y hueso.
- Es mejor estar preparados Meg, tú sabes lo que sufrieron tus padres.
- Y también sé que Lucifer tardará dos generaciones para recuperarse y atreverse a atacar nuevamente.
- El que él no se atreva a atacar personalmente no quiere decir que no pueda mandar a sus subordinados para hacerlo.
Ruedo los ojos.
- Yo sé que sientes que esto no sirve para nada, pero de todos modos recuerda que como ángel eres responsable de otros y aunque aún no te hayamos designado a un protegido algún día lo haremos.
- Cuando estés lista – añade Mark.
- Y para estarlo necesitas entrenar – me sonríe Miguel de manera paternal.
- ¿Estás lista? – pregunta Mark.
Suspiro profundamente y asiento empezando a correr.
Miguel se hace a un lado y Mark empieza a lanzar bolas de energía, ésta vez las esquivo y cuando no me queda más remedio las contraataco. Sinceramente soy muy buena en esto.

- ¿Cansada? – me pregunta Ian al final de mi práctica, cuando ya me he bañado y cambiado.
- No tanto. Y tú ¿Qué haces de este lado del mundo?
- Nada – se encoge de hombros – sólo paseando.
- Y esperando toparte causalmente con cierta persona ¿No?
- Algo así – acepta con una sonrisa cómplice.
- Ten cuidado, Rafael no anda lejos, lo vi hace un rato.
- Lo tendré, gracias ¿Ya te vas a casa?
- No, iré a leer un rato junto a la fuente.
- Ok, te veo después entonces.
Y se va, termino de recoger mis cosas y me voy también.
La fuente de los Deseos, como me gusta llamarla, es una de las muchas entradas y salidas que hay en el Paraíso, claro que un ángel no las necesita porque puede orbitar, pero de todos modos ahí están, por si algún día son necesitadas por los humanos, como mi madre, por ejemplo, que la utilizó hace mucho.
Cindy nunca ha subido, no ha sido necesario y aunque sé que lo desea probablemente nunca la dejen poner un pie en el paraíso. Lo siento por ella, nunca podrá disfrutar de este lugar maravilloso.
Me siento a leer un rato, no es nada del otro mundo, sólo un poco de Historia Clásica, mi materia favorita.
De vez en cuando observo pasar a algunos ángeles que me saludan con una sonrisa, o a los querubines y serafines que nunca se cansan de jugar. Ver a las Potestades es más difícil, ellas casi siempre están en el Cielo y sólo bajan cuando es realmente necesario o a un evento muy importante.
Cuando reviso el reloj y calculo que ya son las ocho de la noche en la Tierra, regreso a casa.
Mamá está preparando la cena y Cindy poniendo la mesa, les ayudo en cuando llego.
Ian no ha bajado aún y papá avisó que llegaría tarde debido a una junta en su trabajo, así que sólo estamos nosotras.
- ¿Te dijo Mark si iba a bajar a cenar? – me pregunta mi hermana.
- Siempre viene a cenar Cindy – respondo de la mejor manera con una sonrisa.
- Cierto – sigue acomodando los cubiertos - ¿Y qué tal el entrenamiento?
- Bien – me encojo de hombros – Llegó Miguel.
- ¿De verdad? ¿Por qué?
- Supongo que pasaba por ahí y nos escuchó a Mark y a mí discutir.
- ¿Discutieron? ¿Por qué?
- No te vayas a poner de su parte – le pido por favor – Lo que pasa es que me dijo que no le estaba echando muchas ganas así que me reclamó y después me aventó una bola de energía que no pude esquivar y empezamos a discutir por el tema de los demonios. Yo le dije que ya ni había de qué preocuparse y entonces llegó Miguel y me dio el típico sermón de “Algún día aparecerán”
- Meg – me dijo relajada mi hermana – Yo te entiendo, de verdad, hacer todo lo que haces no es sencillo, entrenamientos, responsabilidades así de grandes, protegidos, es una lata.
- Pero… - anticipo lo que viene.
- Pero Miguel tiene razón y Mark sólo está tratando de ayudar. Algún día, hermanita, serás tú quién tendrá que cuidar de mi hija, o de sus hijas, y quizá hoy no hay demonios, pero los habrá y vendrán por nuestra descendencia. Tú vas a estar ahí y confío en ti para protegerlas.
Lo dice de una manera tan… no sé cómo, que no puedo más que sentirme importante y con una gran responsabilidad que no puedo rechazar. Porque Cindy tiene razón en todo. Yo seré quien cuide de sus hijas, mis sobrinas, ese es mi destino.
- Lo haré – asiento y me abraza.
Sonrío levemente porque Cindy sabe que no soy muy de abrazos y detrás de ella, en la puerta de la cocina, está mamá observándonos con una sonrisa. Me pide con un gesto que responda al abrazo y yo lo hago después de suspirar profundamente.

Y recuerden, esta noche, en el DOBLE MARATÓN, tendrémos Lycans, no se lo pierdan!!!
Las quiero!!!

23/12/2011

Segundo capítulo del día...

Capítulo 3 de Lycans y como aún tengo muchos por publicar quizá haga un pequeño maratón... qué dicen???
Recuerden que hace unas horas publiqué un capítulo más de Tú Ángel así que no se lo pierdan y nos vemos mañana!!!
Buenas noches, dulces sueños!!!

Su voz fue endulzante, quería escucharla nuevamente, quería tocar su suave piel, quería perderme en sus ojos. A ella la venía persiguiendo ese cruel vampiro.
Me agaché y la recogí en brazos, era tan delgada que parecía no pesar nada, escuché su respiración acompasada y sentí alivio, estaba viva. La llevé a las cabañas, necesitaba ayuda y Henry sabría qué hacer.
- ¡Alex no! – me gritó Patrick desde donde quiera que estuviera ¿No qué? No me importó ni me detuve a averiguarlo, esa chica necesitaba ayuda.
- ¿Pero qué? – se exaltó Henry cuando me vio con la chica en brazos, era obvio, él también se preguntaba por qué una chica tan hermosa y perfecta estaba en ese estado.
- ¿Dónde la llevo Henry? – le pregunté rápidamente
- ¿Cómo que dónde la llevas? ¿Es que piensas alojarla aquí? – la señaló con el dedo.
- Bueno… no, pero… - Está bien que era un chica pero no era para que se pusiera así, ni que nos fuera a comer.
- ¡Mátala! – me ordenó Rick.
- ¡No! – protesté aún con su típica mirada retadora en mi.
- Alex… - me habló Patrick más tranquilo pero sin acercárseme – Es un vampiro.
- ¿Quién? – pregunté incrédulo y entonces lo deduje por mí mismo ¿La chica? ¿Ella era el vampiro?
La miré con cuidado, no parecía un vampiro ¿Y la capa?
- Ayuda – susurró entre dientes pero todos la escuchamos muy bien
- Está pidiendo ayuda Henry – traté de hacerlo entender.
- Es un vampiro – protestó.
- Pero si fuera un vampiro no pediría ayuda a los lycans, nos mataría y no lo hizo.
- Es una trampa, debe haber más de su especie por ahí.
- ¿Crees que nos hubieran dejado con vida si hubiera más? – pregunté incrédulo, era una locura que pensara eso.
- Tú no lo sabes, los vampiros son muy inteligentes – recalcó Nell.
- Ayuda – volvió a susurrar la chica.
- Podríamos interrogarla, preguntarle por el paradero de sus “amigos” – propuso Joel.
- No es tan mala idea – dijo Henry después de un rato – Llévala a la cabaña de castigo.
Bueno, la cabaña de castigo era mucho mejor que la muerte así que no me opuse, si así la ayudábamos a salir adelante, lo haría.
Ojalá estuviera cómoda aquí, el lugar simplemente era terrible, una cama dura, un piso frío y nada más. Yo había estado ahí un par de veces.
- Vas a estar bien, yo te cuidaré – le susurré al oído y pareció que eso la tranquilizó pues se quedó quieta y su rostro se suavizó más hasta dejar una fina sonrisa delicada.
No me quería separar de ella ni un momento, pero necesitaba saber qué era lo que decían acerca de ella, así que me propuse averiguarlo rápido para regresar a su lado lo más pronto posible.
- Es una tontería Henry – escuché que decía Rick mientras se paseaba por la cabaña de nuestro guía – Ella no va a decir nada, es una de ellos.
- Pero si llegó hasta aquí y quiere ayuda… - Patrick estaba de mi lado, más o menos.
- Puede ser una trampa, quizá ahora mismo sólo se esté preguntando cómo matarnos a todos.
- Se veía indefensa – Patrick sigue sacando cara por mí.
- Es un vampiro, eso hacen, actúan para conseguir lo que quieren – dice Carlo fríamente.
- Ni siquiera habías visto a un vampiro antes de hoy – entro a la cabaña con decisión.
- ¡Calla ya, Cachorro! Bastantes problemas causaste con sólo traerla.
- ¿Y qué querías? ¿Qué la dejara morir?
- ¡Es un vampiro! Eso debemos hacer ¡Matarlos!
- ¿Y por qué vino a pedir ayuda, entonces?
- No lo sé, pero buenas intenciones no debe traer.
- ¿Qué…?
- Alex – me interrumpe Henry cuando quiero decirle unas cuantas cosas a Nell, me quedo callado a fuerza pero mirándolo con odio – Soy yo el que da la última palabra y pienso dejar que decidas qué crees que es tú lo más conveniente…
- Pero Henry… - rechazan los demás.
- Es mi decisión – los calla sin cordialidad – Y creo que dejar el asunto en manos de Alex puede ayudarlo.
- ¿Ayudarlo a qué? Es un inútil.
- ¡Basta! – los calla sin más y luego, con voz amable, regresa a mí - ¿Qué crees tú que deberíamos hacer?
No necesito pensarlo, sé lo que debemos hacer.
- Cuidarla, ayudémosla – les digo.
Quizá Henry en el fondo quería que recapacitara con su confianza puesta en mí, pero yo tenía otra forma de pensar.
- ¡Estás loco!
- Bien – los hace callar Henry con su voz a toda potencia – Si eso es lo que quieres, está bien, pero como he dicho yo tengo la última palabra y ella sólo estará aquí mientras nos dice qué diablos le pasó.
No me gusta, pero sonrío porque eso es más que nada.
- Y tú, y nadie más que tú, te harás responsable de ella – amenaza.
- Lo haré, no tendrán problema.
- Más te vale – me gruñen todos y se van.
Estoy feliz y se me nota.
- Toma esto muy enserio. Ten en cuenta que si es una trampa, ella se escapa, y tiene amigos cerca esto podría ser nuestra ruina. Y por otro lado quizá la estén buscando. No quiero problemas con vampiros hasta que ustedes estén aptos para ello ¿Entendido?
- Entendido.
- Ok, ve a cuidar que no se salga de la celda ni mate a nadie.
- Lo haré Henry, gracias.
- No me des las gracias, sólo espero no arrepentirme ni que te arrepientas después.
No lo haré. Ella no es mala, pude notarlo en sus ojos mirándome afligidos momentos antes de que se desmayara.
Y nuevamente esos ojos invaden mi mente, tan glaciales pero hermosos, tan perfectos y divinos. Mi mente se nubla, mi corazón se siente extraño y todo yo tiemblo por algo más grande que el miedo, más inmenso que la angustia y más maravilloso que la vida.
- ¡Alex! – me llama Patrick apareciendo de la nada y sacándome de mi ensoñación.
- ¿Qué pasa?
- ¿Cómo qué pasa? ¿Estás loco amigo? Necesitas sacarla de aquí antes de que pueda atacarnos.
- Pero pensé que estabas de mi lado.
- Estoy de acuerdo en que no la matemos, pero no en que la protejamos.
- Patrick – le pido.
- ¿Qué tal si realmente los chicos tienen razón y nos ataca? Es un vampiro después de todo.
- No parece uno normal.
- Mira Alex, yo entiendo que no quieras matar aún, ni yo lo quiero, pero es un vampiro, amigo, de los enemigos ¿Entiendes? Los malos.
- Creo que sé bien lo que hago Patrick.
Patrick mueve la cabeza negando con un gesto de disgusto.
- Como quieras amigo.
Dice por último y se va.
Quisiera hablar más con él, contarle lo que pienso, pero por ahora es inútil hablar, además, quiero ir con ella.
Un quejido lejano me alarma. No proviene del bosque, sino de nuestro campamento, de las cabañas de castigo para ser precisos.
Salgo corriendo en dirección hacia donde la dejé. ¿Qué le pasa? ¿Qué tiene?
La celda sigue cerrada, me asomo por los barrotes y ella se retuerce. Ya no grita, pero sólo porque se muerde los labios.
- ¿Qué pasa? – intento averiguar - ¿Necesitas algo?
No contesta, sigue inquieta y cuando voy a preguntar algo más enarca su espalda de una manera que parece casi imposible y grita.
No resisto más y sin pensarlo entro a la cabaña. Me hinco a su lado sin saber qué más hacer y trato de tranquilizarla.
- Hey, hey… todo estará bien, resiste, resiste…

Capítulo de ayer...

Lamento no haber publicado ayer, pero aquí está el capítulo de Tú Ángel que les debo y en un rato más publicaré el de Lycans así que estén pendientes!!!
Un beso, las quiero!!!
- ¿Todavía? – pregunta coqueto.
- Todavía – asiento y seguimos viendo la película.
Lilian me codea. La miro y me hace ojitos. Le suplico con la mirada que se esté quieta. Sonríe. Esto no es nada sencillo. Estar junto al chico más guapo de la farándula, viendo una película, y con tu prima pequeña justo a un lado, es la cosa más horrible para mis nervios. Intento concentrarme en otra cosa, la película por ejemplo, que trata de un hombre que tiene que conseguir más tiempo de vida. Es una idea interesante. Relojes tatuados en sus brazos a punto de agotarse y el amor flotando alrededor.
Una mujer se levanta de su asiento unas hileras más adelante y sale de la sala. El chico que estaba con ella la sigue. ¿Qué habrá pasado? Me concentro en verlo salir cuando la voz de Damen me regresa a la realidad.
- ¿Quieres ir conmigo a grabar la película? –pregunta y noto entonces que no me ha dejado de mirar.
- ¿Qué?
- Tú y yo. Brasil, Inglaterra, Italia, Los Ángeles.
- Yo sí tengo que ir a la escuela.
- ¿Y si no tuvieras qué… irías conmigo?
- Quizá.
- Escapémonos un fin de semana – propone.
- ¿Estás loco? No puedo.
- Por favor, no voy a soportar dejar de verte por tanto tiempo.
- Pues entonces regresa a visitarme algún fin de semana.
- No va a ser tan sencillo.
- Pero es más probable que suceda eso a que yo vaya a Brasil, Inglaterra, Italia o Los Ángeles.
- ¿Me escribirás?
- ¿Me escribirás tú?
- Tendré mucho trabajo.
- Y yo mucho que estudiar.
- Chica difícil – me acusa – cualquiera me habría dicho Sí desde un principio.
- Lamento no ser como cualquier chica.
- No – niega – eso es lo que me gusta de ti.
- Entonces deja de quejarte.
- No me quejo.
- ¿Ah no?
- No, sólo hago públicos mis pensamientos.
Sonrío negando y sigo viendo la película.
- ¿Qué me hiciste, niña?
Pregunta cerca de mi oído.
- No hagas eso – le pido pues una serie de cosquillas me han recorrido el cuerpo.
- ¿Por qué?
- Porque me… no sé, me… - mis nervios se han desatado.
- ¿Te… qué?
- Nada – concluyo.
- ¿Te he puesto nerviosa?
- Sí – en momentos así me encantaría poder mentir.
- Qué bueno – sonríe orgulloso recostándose en el sillón, lo miro confundida – Así tienes una probadita de lo que me haces sentir a mí.
- Mentiroso.
- Soy actor. – acepta – Pero ésta vez… no miento, realmente me pones nervioso. Hoy por ejemplo, cuando te llamé me temblaban las piernas y me sudaban las manos. ¡Es espantoso! Nadie me había puesto así. Vaya, ni siquiera Megan Fox cuando la vi por primera vez.
- ¿De verdad?
- Sí – acepta – Algo me hiciste, niña, lo juro por… por, bueno, lo juro.
Me río un poco.
Es tan relajado incluso al decirlo que no sé si creerle, pero sus ojos parecen sinceros.
La película acaba y las luces se prenden. Mi prima está feliz.
- Estuvo buenísima – nos dice emocionada – Esa última parte… ¡Wow!
- Al menos tú la disfrutaste – le dice Damen.
- ¿Qué tú no? – le pregunto intrigada – A mí sí me gustó, fue buena.
- Y no lo dudo – acepta – pero sinceramente ni la vi. Mis ojos tenían otro objetivo.
Me sonrojo cuando lo dice y por la forma en qué lo dice.
Mi prima me codea de nuevo y me empuja un poco hacia él. Sus labios tan cerca son una tentación.
Me aclaro la garganta y me levanto.
- Mejor nos vamos, se hace tarde.
Damen agacha la cabeza divertido y mi prima rueda los ojos.
- Tu mamá de seguro no tarda en llamar – le digo a Lilian.
- Bien – suspira Damen – de vuelta al disfraz.
Se levantan y salimos. Nadie lo reconoce al menos. Lilian platica con él sobre algunos actores y él responde a todo con una sonrisa que cubre la bufanda que lleva puesta.
- ¿Qué no es muy obvio tu disfraz? – le pregunta. Yo pienso lo mismo.
- Quizá, pero mientras no sepan quién soy no molestarán.
Me río.
Tía Gaby ya ha llamado y no tarda en llegar. Lilian se aleja cuando su celular vuelve a sonar.
- ¿Te gustó nuestra cita con chaperona?
- No estuvo mal ¿Y a ti?
- Lo que sea está bien si tú estás.
- Damen.
- ¿Qué? Sólo soy sincero.
- Aún me debes esa clase de ataque que prometiste.
- Y no la olvido. ¿Te parece si la próxima semana paso por ti a la escuela y vamos al parque de la otra vez?
- ¿Podrás? ¿No vas a estar ocupado?
- Me escaparé con tal de estar contigo.
- ¿Entonces la próxima semana?
- Sí – asiente acercándose a mí y quitándose la bufanda - ¿A las 12 está bien?
- Sí – afirmo.
- ¡Meg – me grita Lilian y volteo para ver que me hace señas de que tía Gaby ya entró al estacionamiento.
Cuando volteo nuevamente hasta Damen él está a unos centímetros de mi rostro. Me alejo un poco sorprendida.
- Me tengo que ir – le digo algo nerviosa.
- ¿Llevarás chaperona la próxima vez? – se quita las gafas y es el fin de mi razón. Esos ojos son simplemente cautivantes.
- No – niego rendida. Sus labios se acercan, sus manos se colocan a los lados de mi cintura y mi corazón palpita fuerte.
- Hasta luego Meg – sigue acercándose a mis labios.
- Adiós – regresa mi cordura, lo beso en la mejilla y me voy corriendo.
Lilian me está esperando en la salida, tomo su mano y sigo corriendo. Volteo sólo una vez y lo veo colocarse sus gafas, sonreír, y caminar esquivando a las posibles fans que se crucen en su camino. Tía Gaby nos saluda y entramos al auto. Suspiro con una sonrisa mientras ella pregunta cómo nos fue y Lilian le cuenta toda la película. Yo ni siquiera la escucho. Miro al cielo pensando en él y en lo cerca que estuvimos de besarnos. Las estrellas nunca brillaron igual.

17/12/2011

Otro sábado más, otro capítulo más!!

Bueno chicas, nuevo capítulo de Tú Ángel, sí, ya sé que les debo el de Lycans pero prometo que el próximo viernes publicaré doble de esa historia...
Sin más información, las dejo leyendo, nuevamente es un capítulo pequeño pero espero de todo corazón que les guste... ;D
Y así, un jueves, Damen vuelve a aparecer.
- ¿Sí? – contesto extrañada cuando mi celular suena con número privado.
- Hola Meg.
- ¿Quién habla?
- ¿Tan rápido te olvidas de mí?
- Pues… supongo que necesitaría un nombre para ver si te olvidé o no – claro que ahora ya sé quién es.
- Soy un admirador. Me prometiste una cita.
- Yo no prometo nada sino obtengo beneficios.
- Te enseñaré una técnica de ataque ¿Recuerdas?
- Vagamente – miento.
Mi corazón está acelerado.
- No dejé de pensar en ti.
- No imagino cuántas han escuchado lo mismo de tu boca.
Se ríe.
- ¿Ya me reconociste, entonces?
- Mmm…
- ¿Esperabas mi llamada?
- No.
- Mentirosa.
- Yo no miento.
- Entonces respóndeme ¿Te gusto?
- ¿Te gusto yo a ti?
- Yo pregunté primero, pero ok, ya te lo había dicho, me encantas.
- Me gustas – acepto.
- Vamos a vernos – me pide.
- ¿Cuándo?
- Hoy.
- Son las seis de la tarde, Damen.
- Probablemente no podré otro día, hasta la otra semana, y tengo muchas ganas de verte.
Lo pienso. Para salir ahora tendría que inventarme un buen pretexto o decir la verdad. Si dijera la verdad papá no me dejaría o mandarían a Ian a cuidarme, así que si quiero ir solo tengo una opción: Mentir.
Pero lo que le dije a Damen es cierto, yo no miento. Se supone que un ángel no puede aunque quiera, aunque si es un ángel de verdad, ni siquiera querría mentir.
- ¿Y entonces qué dices?
- ¿A qué hora y en dónde?
- Puedo pasar por ti y…
- No, a mi casa no, mejor te veo en la plaza cerca de mi escuela ¿La recuerdas?
- Ok, te veo ahí en media hora.
- Adiós.
- Nos vemos.
Cuelgo. Ahora tengo que hablar con Lilian.

Ejecutamos el plan a la perfección, en cuanto le cuento lo que sucede a mi prima acepta gustosa y llama a mi casa pidiendo que me den permiso de ir con ella a comprar una blusa que le encantó y de la cual ya sólo quedaba una de su talla. Mi padre dice que sí y apenas lo escucho me teletransportó allá.
Lilian ya me está esperando. Tenemos sólo 10 minutos para llegar a la plaza. El tiempo justo.
Tía Gaby nos lleva y nos deja en la entrada. Todo va perfecto, queda de recogernos en cuanto la llamemos y ya sólo queda esperar a Damen.
- No lo puedo creer, voy a conocer a Damen Somerhalder. Pellízcame, debo estar soñando.
- No lo estás, cállate ya.
- Es que, estoy tan, tan, tan emocionada.
- Se nota, no tenías que decírmelo.
- ¿Entonces ya lo habías visto? ¡Cuéntamelo todo!
- Después, ahora no debe tardar en llegar.
- Oye pero… ahora que recuerdo ¿No se supone que tú no mientes? . pregunta bajito.
- No, no lo hago ¿Por qué?
- Porque entonces cómo es que llegaste aquí sin el permiso de tus papás, dijiste una mentira – acusa.
- No – niego – ¿Vine contigo a comprar una blusa, no es verdad? Si en el proceso nos encontramos a Damen ya es otra cosa.
- No estamos comprando nada – me dice.
- ¿Y qué esperas? – me ve confundida – Anda, vamos a comprar.
- Damen está por llegar.
- Pues apurémonos entonces.
Entramos a la primera tienda de topa que vimos, compramos la primera blusa que le gustó y estábamos pagando cuando la piel se me eriza al sentir su tacto en mis brazos.
- Hola – su voz es de tentación.
- Wow – y mi prima se queda muda por primera vez desde que sabe balbucear.
- Hola – lo miro y sonrío, viene de incógnito con una bufanda, unas gafas de sol, una gorra de un equipo de beisbol y una sudadera a rayas.
- Trajiste chaperona – sonríe.
- Es mi prima. Lilian él es… bueno ya sabes, ella es Lilian – los presento.
- Mucho gusto – la saluda con esa cautivadora voz que deja desmayadas a más de 1000 y justamente Lilian está a punto de caer.
Lilian tartamudea algo y yo traduzco.
- Dice que el gusto es de ella.
Se ríe.
La chica que nos atiende lo mira extrañada. Empieza a reconocerlo.
- Huyamos – me dice y jalo a Lilian con nosotros.
- Vaya disfraz – le digo.
- ¿Es bueno, no?
- Muy original – asiento irónica.
- Tú quisiste que nos viéramos en un lugar público ¿Qué no?
- ¿Y por eso tienes que venir así?
- No encontré otro modo. ¿Las puedo invitar al cine?
- Sí – asiente gustosa mi prima que ha recuperado su voz.
Damen está divertidísimo con las reacciones de mi prima.
Compra rápidamente los boletos, las palomitas, los refrescos y dulces, y entramos a la sala.
Se quita la estorbosa ropa y suspira.
- Wow – vuelve a decir mi prima – pellízcame.
La pellizco. Se queja. Damen se ríe.
La sala no está vacía, pero casi, así que Damen no será molestado al menos mientras estemos aquí.
- ¿Y por qué la chaperona? – me pregunta cuando Lilian ya está demasiado entretenida en sus dulces para escucharnos.
- Quería conocerte.
- ¿Tenías miedo de estar conmigo a solas?
- Si tuviera miedo no hubiera ido contigo ese día.
- Te extrañé. Ya sé que no me lo vas a creer, pero de verdad te extrañé.
- ¿Te vas a ir? Para la película, me refiero.
- Dentro de dos meses – acepta.
- ¿Ya no te voy a ver?
- ¿Me quieres ver?
- Digamos que – me encojo de hombros – No es como que sea de vital importancia para mí.
- Yo sí quisiera verte – suelta y tengo que mirar la película para olvidarme de lo que acaba de decir - ¿Y tú?
- Me gustaría, sí.
- ¿Te puedo dar un beso? – me pregunta y lo miro divertida.
- Vas rápido ¿No crees?
- En mi carrera, en lo que hago, todo tiene que ser así.
- Pues no conmigo. No soy tu carrera ni me desenvuelvo en tu medio.
- Ok, entiendo, pero me gustaría besarte ¿A ti no?
- No todavía.
- ¿Todavía? – pregunta coqueto.
- Todavía – asiento y seguimos viéndola película.
Lilian me codea. La miro y me hace ojitos.
Estoy empezando a ponerme nerviosa.

15/12/2011

Lamento la demora... =(

Niñas lamento mucho no haber publicado el sábado pasado pero entre una cosa y otra, no recuerdo qué exactamente, la verdad es que me fue imposible.
Sin embargo aquí estoy nuevamente con otro capítulo más de Tu Ángel, que aunque no es el más grande capítulo, espero que de todos modos les guste!!!
Las quiero y dejo leyendo...otra vez!!!
- ¡Meg! – me llama mamá desde el piso de abajo. Despierto con ganas de seguir en el sueño - ¡Meg! Baja a desayunar, cariño ¡Cindy!
Me cubro la cara con la almohada. Quiero seguir durmiendo, seguir soñando con él.
- Meg, a desayunar – mi hermana acaba de invadir mi espacio.
- Lárgate Cindy – le aviento la almohada y antes de que le pegue en la cara cierra la puerta del baño.
- Uy, alguien se despertó de malas – anuncia y eso colma mi paciencia.
Orbito hasta el baño y me ubico detrás de ella.
- ¡Lárgate Cindy! – y le estampo una almohada en la cara.
Se queja.
- ¡Mamá! – grita queriéndome regresar el golpe pero orbito de regreso al cuarto antes de que pueda tocarme.
Me río.
Ella abre la puerta de nuestro baño compartido y me lanza la almohada, regreso orbitando la almohada a su cara y le pega de lleno.
- ¡Mamá! – vuelve a gritar pero para cuando eso sucede yo ya estoy en la cocina junto a mamá.
Mamá se asusta.
- Meg ¿Qué te he dicho de orbitar dentro de casa?
- ¿Dónde está lo divertido si no puedo hacer ni eso?
- ¡Meg! – grita Cindy bajando corriendo las escaleras – Mamá, Meg está orbitando.
- Niñas – regaña papá.
- Ella empezó – nos acusamos mutuamente.
- Siéntense a desayunar. Meg, recuerda que hoy tienes entrenamiento.
- ¿Hoy? Pero si es miércoles.
- Pero Mark no va a poder entrenarte este sábado. Va a salir conmigo – presume Cindy.
- Y eso a mí qué me importa, primero están sus ocupaciones conmigo que con su tonta novia.
- No me llames tonta, tonta.
- ¡Niñas!
- Mejor desayuno en la escuela – aviso y subo a cambiarme sin que me den permiso.
Mamá viene a verme cuando ya estoy lista para salir. Con mi súper uniforme horrible.
- No te enojes con Cindy – me pide – sólo quiere un sábado con su novio.
- Y yo quiero una vida, pero no todo en esta vida es posible – me quejo – Se supone que las tardes entre semana son mías.
- Sólo es por hoy.
- Sí, eso mismo dijeron cuando empezó a haber entrenamientos: “Sólo es por hoy”, y ya llevo cuatro años cada ocho días.
- Es parte de lo que eres Meg, parte de lo que somos como familia – me acaricia el cabello.
- No es que me queje má, pero yo no pedí ser un ángel.
- Naciste siéndolo mi cielo, igual que Ian, así como Cindy forma parte del legado.
- El trabajo de ella es distinto, sólo tuvo que enamorarse de la persona correcta.
- Entiendo que te parezca injusto Meg, pero hazlo por mí ¿Si?
Eso es chantaje emocional, lo sé yo, lo sabe ella, pero a estas alturas creo que es el único recurso que le queda. Asiento derrotada.
- ¿Te llevo a la escuela?
- A menos que me dejes orbitar o llevarme la moto, porque no veo otra manera de irme al colegio.
- Vámonos ya, ven – me abraza y caminamos abrazadas hasta la sala.
Cindy y Mark ya se han ido. Ian aún no se despierta y a papá acaban de llamarlo del trabajo, del de arriba, así que se va también.
Mamá pasa a dejarme a la escuela y como hoy entreno con Mark él va a ser quien venga por mí ésta tarde.
No mentía al decir que mi vida es divertida, porque realmente lo es. No soy una persona normal ni hago cosas cotidianas, tengo el poder de orbitar y el don de curar.
Aunque no lo hago seguido, no tengo por qué cuando estoy rodeada de otros ángeles.
Desde que soy bebé me enseñaron a guardar este secreto, hoy sólo unas cuantas personas lo conocen. Mis tíos Rodrigo y Gaby, sus tres hijos, Jhony, Peter y Lilian, Raúl y Ale, también su hija Lucy, pero sólo Laura y Lissa, no sus esposos porque no tenemos tanto tiempo de conocerlos y en definitiva no sus hijos porque aún son muy pequeños para comprenderlo.
Nunca me fue difícil acoplarme a mi modo de vida. No orbitar en público, no mostrar mis alas, no levitar ni perder el control, cosas que no pudieran delatarme.
O eso fue al menos al principio. Después de mis 12 años Mark y mi padre me obligaron a asistir a entrenamientos argumentando que serían solo por hoy, sólo por hoy, y así pasó un año entero, después fueron todos los fines de semana, quizá uno que otro no por motivos de la escuela, pero hoy día no puedo faltar por nada del mundo.
Sé que es por mi propio bien, si no supiera defenderme sería un blanco fácil, un blanco perfecto. Subo al paraíso al menos una vez por semana, me gusta subir, pero no siempre puedo hacerlo, temen que me haga una vida allá, como lo hizo Ian, quien ahora aparte de todo está enamorado de un ángel, y no cualquier ángel, sino la protegida de Rafael. Eso causará problemas, cuando se enteren.
Y así terminan por pasar otras dos semanas más, sin nada relevante que contar.
Estudios, tareas, entrenamientos. Mark dice que mejoro, yo sé que lo hago. Sé muchas técnicas de defensa, pero ninguna de ataque: “Los ángeles somos pacifistas” argumenta Mark.