Capítulo 25:“Había una vez…”
“No retes al destino” me habían dicho en alguna ocasión y al parecer yo me empeñaba en hacerlo…
Sí, podían hacérmelo más difícil, por si el tenerlo a tan sólo una pared de distancia no fuera suficiente, consiguió trabajo justo al lado del edificio donde yo trabajaba. El mundo conspiraba en contra mía. Yo ya no sabía qué hacer. Lo veía por las mañanas, por las tardes, por las noches y en mis sueños. Porque desde que regresó se colaba en todos, incluso en aquellos donde no tenía nada que ver. Si soñaba con agua él estaba en el reflejo, si soñaba con comida él me la vendía, si soñaba con dinosaurios él estaba para rescatarme, si soñaba con Supermán, Supermán tenía su rostro. En todos, hasta en las pesadillas, era imposible, había retado al destino al preguntarle si me lo podía hacer más difícil y el destino me había contestado con todas estas cosas.
Miles de veces le pedí, le supliqué, le rogué y hasta le imploré que me dejara en paz, que se alejara de mí, que ahora que tenía trabajo se fuera de la casa de Gaby, que me olvidara, que me dejara olvidarlo y él me respondía sólo con un: “No me pienso alejar de ti” ¿Cómo se supone que afronte eso? Yo de verdad quería cumplir al pie de la letra mi penitencia, mi castigo por haberme enamorado de él, pero no podía teniéndolo tan cerca.
Lloraba por las noches de la impotencia, del amor que le tenía, de la frustración de mi amor, del trágico destino. Sólo la oficina era mi territorio alejado de él. Cuando trabajaba podía alejarme de todo lo que su rostro, su presencia, su aroma, sus ojos, su risa y todo él me hacían sentir. Pero eso sólo duraba ocho horas pues justo al salir de mi trabajo él estaba esperándome para regresar a la casa. Los viajes diarios los ocupaba para decirme lo mucho que me quería, lo mucho que me había extrañado y por más que yo trataba de no hacerle caso, de no mirarlo, de no pensar en lo que me decía, siempre me hacía sentir de nuevo esas sensaciones que me gustaba que me hiciera sentir, las mariposas, los latidos, los mareos, las cosquillas.
¡Cuánto lo amaba! Había pasado las peores semanas de mi vida teniéndolo tan cerca, amándolo como lo amo, escuchándolo decirme todo lo que él me amaba y no poderme echar en sus brazos y volver a entregarme a él. Porque en el fondo eso era lo que más deseaba, que me hiciera suya otra vez, que me besara, que me acariciara, que me hiciera volar con su cuerpo sobre el mío…
- Estrella – me distrajo Lidia de mis deseos internos.
- ¿Sí?
- ¿Dónde andas mujer? ¡Mírate! – me dijo – Parecías en otra galaxia, no sólo en otro mundo.
- Estaba pensando.
- Sí, eso se nota a leguas.
- ¿Necesitabas algo?
- El director me pidió que te preguntara si tienes algo de la nota que te había pedido.
- Ah… - recordé – dile que se la entrego antes de irme, tengo que buscarla.
Mi vida cotidiana no tenía nada especial y lo especial en mi vida, como ya les había dicho, no era algo que alguien pudiera creerme, pero si juntaba un poco de las dos me inspiraba bastante.
Durante las últimas semanas no sólo había estado trabajando como siempre en la parte editorial de la revista sino también en esa nota que el director me había pedido. Mi trabajo, por lo menos a mí, me había convencido bastante. Ya sólo faltaba que el jefe lo autorizara.
- Es… - me dijo el director después de tardar unos minutos leyendo mi nota – no sé qué decir.
- Diga la verdad y me conformaré.
- Me gustó mucho – sonrió – De hecho, me encantó. Saldrá publicada este mes.
- ¿No le falta nada? Cualquier cosa, puede decírmelo.
- Si le faltara algo yo sería el primero en decírtelo, pero no es así.
- En ese caso muchas gracias – asentí y di media vuelta para irme. Estaba por abrir la puerta cuando el director me habló.
- ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
- Puede – asentí confundida por su petición.
- ¿Te inspiraste en algo o en alguien en particular para hacer esta nota? – sonreí y salí de la oficina.
Claro que me había inspirado en algo y en alguien: Mis días con León, la dicha que sentía cuando él era sólo mi ángel y yo su protegida, la angustia de pensar que no me amaba cuando yo estaba tan enamorada de él.
- Hola Estrella – me asustó cuando caminaba hacia mi oficina a recoger mis cosas para por fin irme a la casa.
- ¿León… qué haces aquí?
- Vine a buscarte, como todos los días.
- Pero… siempre me esperas en la salida.
- El portero me dio permiso de entrar, como sabe que somos amigos.
- ¿Sabes que somos… amigos? – pregunté incrédula pues sabía que había algo más en sus palabras.
- Sí, algo así – confesó - Piensa que somos novios, algo que a mí me encantaría.
- Piensa o se lo dijiste – acusé.
- Piensa, lo juro, yo no tuve nada que ver.
- En todo caso deberías esperarme abajo, aún tengo que ir a la oficina-
- Nunca me has dejado conocer tú oficina, ¿Puedo?
- No León, vete – le pedí.
- Vamos Estrella, déjame echar un vistazo.
- No León – le dije cortante mientras seguía caminando – No insistas.
- ¿Tienes fotos mías?
- No León, no las tengo
- Pues yo tengo una tuya – me dijo abriendo su cartera y mostrándome una foto que yo nunca le había dado.
- ¿Se la quitaste a Gaby? – cuestioné molesta.
- Sí, algo así.
Esa foto yo se la había dado a ella hace un par de meses, después de que me reclamara por no dejarme tomar fotos para su celular.
- Te ves linda.
- León… - me hice la enojada pero al cabo de un rato no pude más que sonreír.
Me llevé la mano a la cara para cubrir mi mirada de amor. Negué con la cabeza.
- Estrella – me dijo – Te amo.
- No empieces León – le pedí por milésima vez.
- Es sólo que me propuse decírtelo todos los días y hoy no lo había hecho.
- Pero lo sé.
- No importa, un te amo nunca está de más.
- Voy por mis cosas y nos vamos – le dije entrando a mi oficina y cerrando la puerta tras de mí.
León. Era imposible no quererte, no amarte. Pero no debía hacerlo. Suspiré.
Tomé mis bolsa, un par de papeles que revisaría en casa y al sacar mi agenda del cajón derecho de mi escritorio vi las fotos que había negado tener.
La sonrisa de León era enorme, estábamos los dos juntos, recordaba perfectamente cuando nos habíamos tomado aquella foto…
- Amigo, nos haces un favor – le había pedido él a un chico que pasaba cerca.
- Sí – asintió el chico.
- Tómanos una foto.
- Claro – dijo el chico tomando la cámara y revisando dónde tenía que apretar para capturarnos.
- Ven – me dijo León rodeándome con ambos brazos por la cintura mientras se colocaba detrás de mí.
- ¿No pudimos simplemente tomarnos una nosotros mismos?
- No es lo mismo – se quejó – Así sale la fuente entera. Sonríe.
La fuente en la que estábamos era preciosa. Su agua cristalina reflejaba el cielo azul y las pocas nubes que había. Recargó su barbilla en mi hombro y yo mi cabeza en su mejilla mientras me abrazaba a mí misma por encima de los brazos de León. Sonreímos y ahí estaba la foto.
La que estaba por debajo de aquella nos la habíamos tomado en el mismo lugar, pero más de cerca, sólo se veían nuestros rostros y él me estaba dando un beso en la mejilla.
- ¿Estrella? – tocó a mi puerta Lidia – Pensé que ya te habías ido. Un joven muy guapo te está esperando afuera – me dijo casi en susurro.
- Gracias Lidia, ahora salgo – respondí con una sonrisa.
Guardé las fotos y cerré el cajón. Revisé que no se me olvidara nada y salí.
No sé si el guardar esas fotos fuera infligir las reglas, pero no pude deshacerme de ellas, fue un impulso lo que me llevó a guardarlas justo en aquél cajón, algo dentro de mí me gritaba que no las tirara, que no lo olvidara del todo.
León estaba esperándome afuera, con esa sonrisa que me encantaba y que tuve que dejar de mirar sino quería desobedecer mis reglas.
Casi un mes viviendo juntos había sido insoportable.
- Estrella – me llamó mi jefe cuando iba saliendo del edificio.
- ¿Sí? – me sorprendí al verlo y León también.
- Sólo quería… - pero se quedó callado y mirando a León de una forma precavida me incitó a presentarlos.
- Mi jefe, León, León, mi jefe.
Ellos no se tomaron de la mano, asintieron como sabiéndose presentados y nada más.
- ¿Tú novio? – preguntó mi jefe claramente disgustado.
- No – respondí rápidamente – Sólo me toca llevarlo a casa.
- Sí – intervino León – A su casa – sonrió – vivimos juntos.
- Es un amigo de la familia, Gaby le ofreció hospedaje en lo que encuentra algo más. Gaby es… - iba a explicárselo todo pero me di cuenta de que era una larga historia – Es complicado de explicar.
- Entiendo – aseguró mi jefe – ¿Entonces estás viviendo con ellas?
- Sí – asintió León.
- ¿Eres… gay? – preguntó directamente.
- ¿Por qué la pregunta? – León estaba sinceramente divertido.
- Tengo entendido que Estrella vive con cuatro mujeres, eso quiere decir que tú o eres gay o tienes mucha suerte de vivir entre sólo chicas.
- Pues tengo suerte, porque no soy gay, es más, Estrella y yo fuimos novios.
¡Estupendo! Ahora mi jefe sabía más de lo que debía. Me miró con una ceja levantada.
- Está mintiendo – no le hice caso a León – Igual ya es noche, me tengo que ir.
- Sí, sólo… era por lo de tu nota, se la presenté a mi padre y le encantaría que saliera en la siguiente edición, como ya lo habíamos hablado, cree que tendrá gran respuesta y yo también así que puedes ir preparando la siguiente.
- ¿De verdad? – pregunté emocionada.
- Yo no miento Estrella.
- Pues gracias, de verdad gracias – sonreí ampliamente.
- Eso era todo. Buenas noches.
- Buenas noches – no paraba de sonreír.
Mi jefe me vio, me sonrió, vio a León, dejó de sonreír y se marchó.
- ¿Qué nota? – preguntó León queriendo informarse.
- Una que me pidió para la próxima edición.
- ¿Ahora escribes para la revista?
Lo miré irónica.
- Eso no te importa.
- Todo lo que tenga que ver contigo me importa.
- León – pedí.
- ¿Qué? Sólo soy sincero.
- No empecemos ¿Quieres? El camino de regreso a casa aún es muy largo.
- Eso me dará oportunidad para seguir con esta plática.
- Sí – contesté para que me dejara tranquila mientras nos subíamos al auto que yo conducía – Voy a escribir para la revista.
- Esa no era la plática a la que me refería.
Eso ya lo sabía, sólo quería no tener que conversar de eso con él. No contesté, encendí el auto y empecé a conducir.
- Todo este tiempo respeté tu deseo de no hablar del tema pero…
- No lo respetaste – interrumpí – Todos los días me recuerdas lo mismo: Te quiero, No te voy a dejar, Te necesito, Te extraño… Eso no es respetar mi deseo.
- Tal vez no, pero si no te lo digo estallo.
- Y si me lo dices la que estalla soy yo.
- Lo siento, sólo quiero que lo sepas.
Habíamos llegado a la autopista. Todos los días, para ir de mi casa al trabajo o del trabajo a mi casa, tenía que pasar por 15 minutos de carretera, no había casas, no había centros comerciales, no había nada a kilómetros y los coches que pasaban eran escasos. Esos quince minutos no podían ser más largos que en compañía de León.
- No quiero saberlo, ya bastante tengo teniéndote a ti viviendo en la misma casa, escuchando tu voz a diario, viendo tus ojos todas las mañanas. Eso es suficiente.
- Si me quieres todavía ¿Por qué…?
- ¡Ya basta! – le grité frustrada – No quiero hablar de esto.
- Pero necesitamos hablar. Ya ha pasado casi un mes y no hemos podido platicar de qué es lo que va a pasar con lo nuestro.
- No hay nuestro León – le dije deteniendo el auto – Por eso es que no hay nada de qué hablar. Lo que pasó entre nosotros fue hace mucho y tú sabes muy bien por qué es que tenemos que dejarlo en el pasado. No quiero volver a caer en pecado, no puedo… Hay algo más grande esperando por mí que el amor que me puedas o te pueda tener.
- Nada puede ser más grande.
- Claro que sí… Está le legado – terminé y él no dijo más – Bájate del auto.
- ¿Qué? – preguntó confundido, sorprendido.
- No quiero llevarte a casa ni hoy ni nunca, bájate del auto.
- Pero ¿Cómo voy a llegar a la casa? – preguntó obedeciendo y bajando del auto.
Me incliné para cerrar su puerta.
- Orbita – contesté arrancando y alejándome de él.
Las lágrimas no tardaron en brotar. Miré por el retrovisor y él seguía ahí. Un trueno se escuchó a lo lejos y al poco el cielo se iluminó por un rayo. ¡Lluvia! Genial.
Aún no había llegado a la casa cuando empezó a llover. Las gotas de lluvia caían sobre el parabrisas igual que mis lágrimas sobre mis mejillas.
“Había una vez es una frase demasiado soñada para todas las personas – había puesto en mi nota - Quisiéramos poder empezar nuestra historia así y terminarla con un Y vivieron felices para siempre, pero no es así de sencillo. A nosotros nos toca vivir más el problema en el cuento de hadas y menos el romance de príncipes y princesas con el que todas las chicas soñábamos cuando éramos niñas y con el que algunas seguimos soñando aún cuando somos ya adultas.
Mi caso, sin embargo, es especial. Yo no soñaba con un príncipe azul, yo soñaba con un ángel guardián…”
Así había comenzado mi nota, una mezcla entre lo real para mí y lo que para otros podía ocurrir solo en su imaginación.
- Hola Estrella – me saludó Lissa – Terrible aguacero no.
- Horrible, sí – asentí. La lluvia cada vez estaba peor, el viento soplaba bruscamente y yo había llegado empapada a pesar de que solo había estado expuesta a la lluvia de mi carro a la cafetería.
- ¿Y León? – preguntó Gaby extrañada.
- ¿Aún no llega? – me confundí.
- ¿No viene contigo? – me preguntó Ale.
- No, pensé que ya estaría aquí.
Eso si era raro. Aunque tal vez hubiera pasado a otro lugar antes de venir aquí. De todas formas hubiese sido muy raro que apareciera orbitando en plena cafetería.
- Ya llegará – les dije cuando las vi preocupadas.
- ¿Quién llegará? – preguntó Raúl desde la cocina.
- León – respondió Ale.
- ¿No vino contigo? – me preguntó.
- Sabes Raúl, a veces dudo de tu inteligencia – le respondió Ale con una sonrisa sarcástica.
- ¿Por qué? – se ofendió él.
- Si estamos hablando de que León ya llegará y Estrella está aquí ¿Qué te hace suponer?
- Que eres una pesada – le respondió él y Ale rodó los ojos sin darle mayor importancia.
Recordé dos años y medio atrás, cuando en mi visión después de pasar por la puerta de oro ellos estaban casados y tenían un hijo. Obviamente nada más alejado de la realidad. Últimamente se peleaban de más, a penas y podían verse, parecían dos niños chiquitos.
- ¿Qué tal las clases hoy Ale? – le pregunté tratando de amenizar el ambiente.
- Como siempre, extenuantes. Los chicos cada vez se portan peor, con eso de que ya casi salen de vacaciones es en lo único que piensan.
- Eso es muy normal – asentí – Yo era igual.
- Todas lo éramos – asintieron Gaby, Lissa y Laura. Aunque estas dos últimas aún iban a la escuela.
Seguimos la conversación hasta ya bastante noche cuando Ale y Raúl tuvieron que irse.
- ¿Quieres que te pase a dejar a tu casa?
- Contigo ni a la esquina – le respondió Ale saliendo enojada de la cafetería.
- ¿Qué dije? – nos preguntó a nosotras confundido y salió tras ella.
- A veces creo que esos dos se odian y a veces creo que terminarán juntos – aseguró Gaby.
- Con eso de que del odio al amor solo hay un paso… - sonrió Laura.
- No sé, pero para mí en el fondo ya se quieren – siguió Lissa.
- Y se casarán y tendrán dos hijos – recordé mi visión.
- Bueno, eso ya es decir demasiado – sonrieron las demás.
- El que me preocupa es León, mira la hora que es y no ha llegado – dijo Gaby checando el reloj por milésima vez. Las diez y media - ¿Estás segura si no te dijo que tenía que hacer algo o iba a pasar a otro lugar?
- No – negué sin mayor interés. Ya se había tardado, era cierto, pero tal vez por fin había entendido que yo no lo quería cerca de mí y se había ido, tal vez por fin me daría paz.
Bueno y con esto me despido de este maravilloso año 2010 que nos ha dado muchas sorpresas... Aquí en México el Centenario y Bicentenario de la Revolución e Independencia... Yo francamente estaba esperando otra lucha como esa, digo, para que dentro de cien años dijeran: El tricentenario, bicentenario y centenario de algo... no? En fin... no hubo más rebelación que la mía hacia mis papas pero no entremos en detalles...
Las cosas bienen y se van, años quedan atrás y años estan por comenzar. Yo no tengo más que desearles un perfecto 2011 al lado de su familia, porque al fin de cuentas hasta las parejas y los amigos pueden irse (...diganmelo a mí...) pero la familia siempre estará ahí para ti... Sobre todo tus papas y hermanos... SIEMPRE!!!
Todos mis personajes ficticios y no tan ficticios les desean un Gran 2011 y aunque medio saturada aqui esta la imagen con todos ellos...

Muchas Gracias por todo lo que me han dado a lo largo de todo este tiempo, gracias a aquellas que no dejan de leer y comentar, gracias también a las que leyeron y se fueron porque hubo un tiempo en el que me alegraron la vida y aún lo siguen haciendo cada que leo mis comentarios, desde los primeros hasta los últimos... Eso sirve para levantarme el ánimo muchas veces que ando depre como ahora que se acaba el año.
Yo sé que no debería estar triste, al contrario, estoy sana, tengo a mi familia y aunque me da el bajón que mis amigos se peleen conmigo, me dejen de hablar o simplemente se alejen no por eso debo estar así... Sé que hay amigos de verdad, aunque yo aún no encuentre a los míos... Lo siento chicas, tenía que desahogarme, esto no se los debería contar pero si ando un poco triste...
En fin... dejemos eso... Hay que ser felices!!!
Nuevamente Feliz Año y esperen pronto el primer capítulo de Ocaso Inmortal la nueva versión... ya les había comentado que la otra no me gustó del todo, pero esta sí y sé que a ustedes también les va a gustar, no hay muchos cambios, pero desde mi punto de vista la lectura es más intrigante y ya saben que me encanta tenerlas comiendose las uñas y preguntándose qué pasará!!! Soy un poco cruel!!! hehe
Hoy hace un año que terminé de escribir Después del Amanecer... ¡Qué rápido se esfuma el tiempo!
Las quiero chicas, gracias infinitamente por su apoyo, por el tiempo que invierten leyendo mis historias aunque probablemente tenga otras cosas que hacer y sobre todo por escucharme... o leer, todas esas cosas que a veces no puedo dejar de lado y les termino contando...
Gracias también por esperar pacientemente cuando no publico y no dejarme de leer!!!
Gracias una y mil veces, ustedes son parte importante de mi vida y uno de mis deseos será que sean felices!!!
***FELIZ AÑO 2011***
les desea su amiga
°°¡¡MaGe!!°°
les desea su amiga
°°¡¡MaGe!!°°







