HEY HEY!!!!
Yo aquí de nuevo!!! SÍÍÍÍÍÍÍÍ!!!!
Estaba a punto de no publicar pero ya fueron muy largas mis vacaciones entonces me dije a mí misma: "¡Mí misma, apúrate y publica!" Y ya ven, aquí ando ;D
Pues al fin nuevo capítulo de: Tú Ángel por supuesto.
No voy a cambiar nada en la historia, pero le daremos un giro para hacerla más amena y dejarlas, como diría mi tía: Con el Jesús en la boca. (No entiendo del todo esa frase)
En fin... pues aquí se los dejo. No publicaré hasta el próximo jueves porque este sábado me voy de viaje a documentar algo para un proyecto de la Uni, pero ya tengo ahí los capítulos Eh!, así que no se los pierdan. Próximo Jueves TÚ ÁNGEL!!
Algo anda mal conmigo, tengo pesadillas casi todas las noches, pesadillas que regularmente terminan conmigo cayendo al vacío, un vacío negro como el mismo infierno.Me despierto sobresaltada porque es realmente espeluznante, mi corazón está agitado y toda la piel se me enchina del puro miedo. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué tanto miedo en mi interior?
Un ángel no debería tener miedo, igual que claro, tampoco debería mentir… ¿Y si me estoy volviendo más humana con el paso de los días? Esa duda ha asaltado mi cabeza durante días, tanto así que me da miedo intentar orbitar al cielo. ¿Y si ya no puedo entrar? Eso sería terrible no sólo porque todo mundo se daría cuenta que algo anda mal conmigo, sino porque ya no podría gozar de ese paraíso.
Me estoy volviendo loca, loca de verdad. Jamás en mi vida me había sentido así, tan culpable y temerosa, pero sobre todo nunca me había sentido tan… inestable e indigna de este que es un don.
Porque ser un ángel es eso, un don, y lo estoy desperdiciando.
Las lágrimas no se hacen esperar, son silenciosas y de un inmenso dolor. Nunca me imaginé así, llorando a media noche, abrazada a mi almohada, queriendo gritar pero con un nudo en la garganta.
Unas lucecitas azules y platas me interrumpen a medio llanto.
- Hola mi niña – saluda una voz profunda y una sonrisa amable y llena de amor.
- Abuelo – corro a abrazarlo y me quedo ahí un rato, entre sus brazos porque es el único lugar donde me puedo sentir mejor – Abuelo, no puedo más. Me siento terrible.
- Lo sé mi niña, lo sé, pero tienes que calmarte, a ver, cuéntame lo que pasa.
- Es que… no sé… cómo abuelo.
- Empieza por la razón de estas lágrimas ¿Qué te parece?
- Yo… me siento culpable abuelo.
- ¿Culpable por qué?
- He dicho mentiras, engañé a mis padres, engaño a mis amigos, a mis hermanos, a todo mundo, ya no sé ni por qué lo hago, me arrepiento pero no puedo dejar de hacerlo.
- ¿En qué les mientes?
- Pues a mis amigos porque no les digo que soy un ángel…
- Eso no puedes hacerlo, lo sabes, no es incorrecto, al contrario.
- Pero de todos modos es una mentira.
- Pero sólo lo haces por ocultar una verdad mayor.
- ¿Y cómo pueden saber cuándo es o no es una “verdad mayor”?
- Creo que eso salta a la vista, mi niña.
Damen tiene razón, cada quien siempre va a exponer sus argumentos como una “verdad mayor”, no tiene caso hablar de esto con un ángel, aunque ese ángel sea mi abuelo. Y dejando eso de lado ¿Por qué me culpo tanto? Sólo son unas mentiras pequeñas, algún día mis papás se enterarán de esto y nos reiremos de ello. Basta de culparme, de sentirme como si estuviera haciendo algo mal. ¿Quién me asegura que los que están mal no son ellos?
- ¿Algo más mi niña?
- No, nada abuelo, pero gracias por escucharme.
- Puedes contar conmigo siempre, mi niña, recuérdalo.
- Gracias abuelo.
- Salúdame a tu madre y a tu hermana ¿De acuerdo?
- Lo haré – le sonrío.
Mi abuelo desaparece en un dos por tres, y yo me quedo sola en mi cuarto otra vez pero ya sin esas ganas de llorar que antes me invadían. ¡Total! No me puedo culpar eternamente por algo que hace cualquier persona ¿No? Y además, yo no soy sólo un ángel, soy también un humano, y como humana me está permitido cometer errores, ¿No es verdad? Pues bien, aprovecharé entonces que aún no soy un ángel guardián para hacer lo que no podré después. Divertirme ahora que puedo.
Tomo mi celular. Son las dos y media de la mañana. Marco el primer número que me aparece y escucho que suena tres veces.
- ¿Meg? – escucho su voz adormilada.
- Hola – respondo muy alegre - ¿Podemos vernos?
- Sí, claro, pero ¿No podías esperar a que amaneciera para decírmelo.
- Es que quiero vernos, ahorita.
- ¿Ahorita? – pregunta extrañado - ¿A las dos y media de la mañana?
- Es que hay un vuelo a París en unas horas ¿Nos fugamos?
- ¿De veras? ¿Qué no vas a tener problemas?
- ¿Y para qué es la vida sino para meterte en problemas? – lo reto divertida.
- ¿A qué hora sale el vuelo?
- A las cuatro y media.
- Ok, ¿Nos vemos allá o paso por ti?
- Nos vemos allá. No te tardes.
- No lo haré.
Preparo mi mochila, sólo lo necesario. Un par de cambios de ropa para aparentar y lo planeo todo mientras me arreglo. El plan resultará, tiene que resultar.
Estoy de vacaciones, no tengo nada que hacer. Lilian y Cindy no se opondrán a ayudarme, es una pequeña locura de esas de las que ellas se sentirán envidiosamente dichosas de apoyar.
Voy de puntillas hasta la habitación de mi hermana pasando por el baño compartido.
- Cindy – la despierto susurrando.
- ¿Qué, qué pasa? – pregunta adormilada.
- Voy a fugarme.
Cindy se despierta contrariada. Ve mi mochila y se asusta.
Le explico la situación, lo que pretendo, lo que planeo y sonríe de oreja a oreja.
- Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Mark jamás aceptaría, pero sí, yo te cubro. ¿Irás con Lilian?
- Espero poder.
Eso me preocupa. Ahí va mi primera prueba: Orbitar.
Si las cosas resultan bien será mi primer recurso. Intento hacerlo concentrándome en la casa de Lilian. Abro los ojos. Nada, sigo en el mismo sitio.
- ¿Qué pasa? – pregunta Cindy – Anda, vete.
- Sí.
Inhalo y exhalo tres veces, me concentro, trato de relajarme, cierro los ojos y pienso en cuarto de Lilian. Siento esas cosquillas que me recorren el cuerpo y sé que estoy orbitando cuando veo pasar de reojo todo bajo mis pies. Una ciudad nocturna, silenciosa, con unos cuantos autos viajando. Estoy flotando cerca del paraíso, también puedo verlo y sonrío. ¡Puedo orbitar! ¡Aún puedo hacerlo! Es maravilloso ¡Sigo siendo un ángel! Mitad y mitad, dejándome llevar por la parte humana en mí, pero ángel al fin y al cabo.
- Lilian – la despierto.
Ella tampoco objeta nada, la idea le parece romántica, justo como lo sospeché. Mi hermana y mi prima se sienten celosas de mi aventura, de mi locura, y yo sólo puedo estar feliz.
Orbito al aeropuerto cerca de la hora convenida. El baño está vacío así que llego ahí y salgo como si nada. Me dirijo a comprar mi boleto cuando lo veo, tan guapo, con sus gafas y gorra, ruedo los ojos.
- ¿Qué no es más fácil que te reconozcan si vienes con gafas y gorra a las tres y media de la madrugada? – lo cuestiono llegando por detrás sin que me vea y hablándole muy cerca del oído. Se gira apenas un poco y lo veo sonreír.
- No, ya te lo había dicho, quizá sospechen pero no sabrán quién soy y mientras no se enteren de eso, no molestarán.
Sonrío, tiene razón, ya me lo había dicho.
- Además no quiero que me vean desvelado, si vieras los ojos que traigo seguro te espantarías.
- Lo dudo.
- No apuestes – advierte y sonrío.
Me siento de espaldas a su asiento.
- Bueno, que no debemos dejar que nos vean juntos, alguien puede tomar una foto indiscreta.
- Ok, ok – se ríe y finge que no me ha visto volteándose también.
- Tengo que comprar mi boleto – le digo sin mirarlo mientras finjo leer una revista de las que dejan por ahí - ¿Cuál es tu asiento?
- No te preocupes ya los he comprando yo.
- No – niego volteando – Es no se vale.
- No te quejes – se voltea también – Ya lo hice.
Me sonríe. Hago una mueca de disgusto y se acerca para darme un beso.
- No, mejor esperamos a llegar a París.
- ¿Hasta allá? – se queja.
- No te quejes – imito su tono de voz.


